25 may. 2015

Carmena y Ada

Manuela Carmena, el don apacible, y Ada Colau, persona y no personaje, dos lindas notas en El País de hoy, acá y acá

Histórico en España: Afuera la casta / Cuánto para aprender

Hace años, cuando frecuentaba España, me cansaba de escuchar el discurso que describía a los jóvenes de allí como "pasotas", desinteresados de la política, conservadores en los hechos, preocupados sólo por el consumo y el dinero. No creía en ese discurso, porque era claro que había mucha más vida que la agonía que allí se denunciaba, pero la situación resultaba en todo caso preocupante. Todo empezó a cambiar con la llegada del 15 M (15 de mayo de 2011), con un grupo de "indignados" (acá el oficialismo se ríe de los "indignados") que marcharon hasta la Puerta del Sol en Madrid; 40 de ellos se quedaron acampando en el lugar durante esa noche (sólo 40, y basta¡¡); y protestas que comenzaron a propagarse en todo el país. El movimiento empezó a crecer desde entonces, en reclamo contra los anquilosados partidos del poder (PP y PSOE, fundamentalmente), y contra los bancos y otras corporaciones que -lejos de ser una amenaza en los libros- representaban la miseria y la extorsión cotidianas para los más indefensos.

Es histórico lo ocurrido en España ayer, entonces, a partir del triunfo de pequeñas agrupaciones que (vinculadas con Podemos, pero desde mi punto de vista, con una potencia y un atractivo mucho mayor que el que ofrece Podemos) desafiaron a las "castas" nacionales y locales, compuestas de carcamanes de la derecha y burócratas de partido, que no pueden estornudar sin una encuesta y una estrategia de marketing por detrás. Se alejan así, por fin, la oligarquía conservadora de Convergencia y Unión en Barcelona; la aristócrata Esperanza Aguirre en Madrid; el tufo reaccionario de Rita Barberá en Valencia... 

El triunfo de Ada Colau en Barcelona (junto con el amigo -notable jurista y según vemos lúcido político- Gerardo Pisarello) es extraordinario, porque su agrupación Barcelona en Común gana a fuerza de una práctica y un discurso que muestra a sus integrantes, simple y radicalmente, como seres humanos, comprometidos con sus conciudadanos. El triunfo de la ex jueza, defensora de los indefendidos, jubilada, tan sensata como aguerrida, Manuela Carmena en Madrid (en verdad, segunda en la votación general, pero que llegaría a la alcaldía con la ayuda de los votos del PSOE), resulta también emocionante: adiós al insufrible, arrogante, dominio del PP en Madrid.

Hablo de triunfos históricos, en definitiva, porque ganan estos pequeños grupos, encabezados por gente que puede mostrar una trayectoria digna; con un discurso republicano y principista (acá, el oficialismo se ríe si uno habla de republicanismo o principios); sin venderse; sin bajar las banderas; oponiéndose al poder económico tanto como a los vergonzosos oficialismos dominantes; desafiando a las castas que controlan el Estado desde hace años; denunciando -sobre todo- la corrupción de políticos y banqueros (acá, el oficialismo se ríe si uno habla de la corrupción). Bienvenidos todos ellos, porque nos dicen que desafiar a las viejas oligarquías es necesario; enfrentar a los crímenes, la corrupción y los abusos cometidos desde el Estado ES POSIBLE¡

23 may. 2015

Amigos que hacen grandes cosas 2: Gerardo Pisarello, hacia la alcaldía de Barcelona (con entusiasta postdata: VICTORIA¡¡¡)


Jurista erudito y brillante, don Gerardo merece ser leído con atención. Querría hablar de algunos de sus libros (ha escrito en defensa del derecho de protesta; por los derechos sociales; sobre el constitucionalismo latinoamericano; y tantos otros temas que queremos en común), pero tengo que hablar de su notable paso a la política: Desde la plataforma electoral Barcelona en Comú, Gerardo -tucumano, hijo de un militante radical muerto por la dictadura, se presenta mañana en las elecciones, como segundo de Ada Colau, que es la candidata a presidir la alcaldía de Barcelona. Colau es una conocida activista por los derechos sociales en Catalunya, que supo involucrarse con el gran movimiento okupa en la ciudad, y que durante años lideró un grupo de "Afectados por las Hipotecas", en defensa del derecho de vivienda. Hoy cuenta con grandes chances, de convertirse en la nueva y primera Alcalde Barcelonesa. Gerardo, uno de los fundadores del Observatorio por los Derechos Sociales, Económicos y Culturales, viene trabajando con ella y en el área, desde hace años. La prioridad de la administración -si es que llegan a ganar- será poner fin a las políticas privatizadoras y precarizadoras que priman en la ciudad. 

Leerlo en reportajes públicos, en estos días, da gran placer. Afirma los principios que ha defendido siempre: a favor de la democracia económica; de los derechos de los desahuciados; militante por el derecho a la vivienda digna. Una buena muestra de lo que digo, puede verse en el reportaje que se encuentra acá. Me interesa de Gerardo, por lo demás, que defiende la autodeterminación, pero no del modo cuasi-racista en lo que hacen tantos, por allí:

"Los que defienden la autodeterminación con expresiones de desprecio, no ya frente al poder del Estado, sino hacia gentes de España no me interesan nada”. “Los cambios han de ir de la mano de los que se puedan producir en otros sitios… Se han de producir a través de un reconocimiento mutuo, fraterno entre los diversos pueblos, a través de una relación libre, entre iguales… Si estos procesos para lo que sirven es para generar dinámicas de enfrentamiento entre la gente común, trabajadora, no ganamos nada, aquí tenemos poco a ganar”.

Del mismo modo, defiende los procesos democratizadores, pero sin ser ingenuo, como tantos parecen serlo por acá, que se arrodillan frente al poder, pierden capacidad crítica frente al mismo, y terminan defendiendo políticas canallas:

"Cualquier tipo de poder, político, económico, mediático… ha de tener límites, controles. Mi formación como jurista, y mi vínculo con maestros como Luigi Ferrajoli, me previenen mucho contra la ilusión del buen poder, la de que puede haber un poder absolutamente bueno. El poder nunca es totalmente bueno. Siempre necesita contrapoder, control… incluso el poder de los propios”.

(discurso de GP en mitín, en catalán y español, acá)

Un aplauso para don Gerardo, y toda la suerte para la elección que llega¡

pd: Y GANARON LAS FUERZAS NUEVAS, DE IZQUIERDA, EN BARCELONA, MADRID, VALENCIA¡¡¡¡¡ INCREIBLE¡

21 may. 2015

Nuevo libro de Silvina Ramírez sobre la cuestión indígena

Felicitaciones Silvina¡¡

Amigos que hacen grandes cosas 1: Hábeas Corpus Colectivo contra las razzias en Córdoba

Excelente lo que han hecho los amigos del Programa de Etica y Teoría Política, dirigidos por el colega don Hugo Seleme, presentando un hábeas corpus colectivo contra las razzias producidas en Córdoba (gobierno de De la Sota) sobre los habitantes de las barriadas populares. Recordemos que el primer fin de semana de mayo, un operativo policial descomunal (que involucró a un millar de policías, amparados bajo el horrendo, injustificable Código de Faltas cordobés, que debe ser sacado de circulación ya) permitió la detención de centenares de personas, por portación de rostro. El hábeas corpus que presentaron los amigos -que, conviene subrayarlo, vienen trabajando desde la teoría sobre el tema, desde hace largos meses- terminó en una interesante, inédita resolución judicial, que puede leerse acá. 

(Y dos addendas entre paréntesis, la primera sobre la política y la segunda sobre el trabajo académico:

Política: El gobierno nacional, responsable de la muerte de Mariano Ferreyra, el mismo que dejó la seguridad en manos de Berni y el ejército en manos de Milani, quiere sacar ventaja de esta situación: no tiene derecho a hacerlo. Nota de la Izquierda Diario sobre el tema, acá.

Academia: Desde Córdoba, y desde hace rato, nos vienen mostrando de qué modo vale la pena hacer trabajo académico. Los amigos cordobeses estudian, se reúnen, discuten juntos, y además ponen sus estudios al servicio de causas que valen la pena. Éste es sólo un gran ejemplo de lo que vienen haciendo: estudiar y pensar colectivamente, para lograr una sociedad más justa. Aplauso para ellos).




19 may. 2015

Claudia Hilb sobre la complicidad de civiles durante la dictadura

Más que interesante alocución de Claudia Hilb,en la mesa de presentación del libro “¿Usted también, Doctor?”, Feria del Libro, Buenos Aires, 9 de mayo 2015. La versión entera del video, acá. Interesante, en particular, su búsqueda de matices y su reflexión sobre las zonas grises, que contrasta con algunas visiones blanco-negro que han aparecido sobre el tema, y que requieren sin duda de mayor revisión crítica.

Su presentación por escrito, a continuación (panelistas: Juan Pablo Bohoslavsky, María José Sarrabayrouse Oliveira, Hugo Cañón, Claudia Hilb.Moderadora: Caty Galdeano, Editorial Siglo XXI)

Ante todo, querría agradecer a Juan Pablo Bohoslavsky y a la editorial Siglo XXI por invitarme a participar de la presentación de este libro. Como no quiero agotar mi tiempo de palabra en agradecimientos, diré tan solo que Juan Pablo y yo no nos conocíamos personalmente hasta hoy, pero que le agradezco su permanente voluntad de que intercambiemos nuestros puntos de vista, que sabemos no son coincidentes, y que tengo claro que si ha querido que esté aquí no es para abundar en elogios sobre el libro, sino para proponer un debate sobre eventuales puntos de disenso. Por lo tanto, voy a ir muy directamente al grano... después de los elogios de usanza, claro!
Entonces, al libro. Desde el título, el prólogo y la primera página de la introducción, el libro sugiere que de lo que se trata es de “ampliar los anillos de responsabilidad” de modo tal de “incorporar la complicidad judicial y legal a la agenda de la justicia transicional”. Yo, por las razones que espero se vayan entendiendo en lo que sigue, le entré con cierta desconfianza a esa declaración de principios. No obstante, al leerlo de punta a cabo, fui advirtiendo que pese a esa primera impresión, el libro no es una exposición monocromática del rol cómplice de “la familia judicial”, para tomar el término de mi compañera de mesa, durante la dictadura, y de la necesidad de judicializar esa complicidad; fui descubriendo que si lo leemos dispuestos a interrogarnos a partir de él, encontraremos que en la superposición y la tensión entre sus distintos textos, en el entrecruzamiento o solapamiento de voces y miradas, nos confronta con preguntas que no siempre pueden recibir una respuesta sencilla. Esto es, en la tensión interna de algunos de sus textos, pero también en la clara oposición entre algunos de ellos, el libro va sugiriendo, a veces queriendo y a veces sin querer, que la reflexión sobre el pasado común se va conformando en la superposición de perspectivas y no admite respuestas fáciles o contundentes. Así, a la ilustración en blanco y negro que hacen algunos textos, de las posturas más fáciles de identificar o de las conductas más fáciles de juzgar, otros textos van sobreimprimiendo una vasta gama de grises que nos obligan, cada vez, a hacernos preguntas complejas: ¿cómo juzgar los diferentes grises? ¿cómo juzgarlos moralmente, cómo juzgarlos políticamente, cómo juzgarlos penalmente? Entonces, primer comentario: creo que uno de los mayores intereses es que el libro confronta, a quien esté dispuesto a escucharlas, con una serie de preguntas que no pueden responderse tan sencillamente –incluso, diré, no tan sencillamente como lo pretenden algunos de los propios autores del libro.
En ese registro, como comentario a mi primero comentario, creo posible identificar en el libro, a grandes trazos, dos formas distintas, a veces compatibles pero a veces no, de plantarse frente al problema que trata. Por un lado, hay una línea de lectura que yo llamaría más analítica, que se propone indagar en las diferentes actitudes con el afán de ampliar la comprensión respecto de cómo actuaron diferentes agentes de la justicia –la Corte Suprema, los jueces, los abogados, los profesores de Derecho. Esa línea se situaría, podríamos decir, en el terreno de los trabajos que –desde diversos ángulos- indagan en el rol de la sociedad civil durante los años 1976-1983. Mencionaría en esa línea a los textos de Filippini, de Gargarella y Bohoslavsky, González Bertomeu, Sarrabayrouse Oliveira, para nombrar algunos. Diría que para quienes yo ubicaría en esa línea, la investigación sobre la actuación de los civiles, o de corporaciones civiles durante la dictadura parece inscribirse esencialmente en la búsqueda por comprender la trama de apoyos, conductas adaptativas y silencios que dieron forma al tejido social de la Argentina 1976-1983. Es decir, son textos que se inscriben en confrontación con las lecturas que oponen una dictadura criminal a una sociedad simplemente víctima de la dictadura, e intentan comprender de qué modo la estabilidad del régimen criminal supuso una cierta aceptación –resignada, cómplice, temerosa o entusiasta- en sectores importantes de la sociedad argentina, en este caso, en la “familia judicial” . Es una lectura que centra su interés no tanto en condenar las conductas de colaboración entusiasta o de complicidad criminal manifiesta, o en elogiar las de oposición indudable, sino también, o sobre todo, en dar cuenta de ellas, y de la amplia zona gris que media entre una y otra, a fin de interrogarse sobre las motivaciones y las opciones morales que pueden identificarse detrás de aquellas conductas. Para quienes se sitúan sobre todo en esa perspectiva, creo que lo más importante, para retomar una frase de Hannah Arendt en el prólogo de Los Orígenes del Totalitarismo, es comprender “qué sucedió”, “por qué sucedió” y “cómo pudo suceder”.
Junto con esta línea encuentro que hay otros textos, otra línea de lectura, que parece ella sí estar animada por una vocación más directamente punitiva. Esto es, por la vocación de extender la culpabilidad criminal a sectores civiles, y en este caso a los funcionarios del poder judicial que actuaron durante la dictadura -pienso en los artículos de Castro Feijóo y Lanzillotta, de Salinas, Varsky y Balardini, Almqvist, Litvachky, y también en el último texto de Juan Pablo, en su contrapunto con Marcelo Alegre. Diría que si para el primer grupo que yo identificaba se trata sobre todo de entender, los que participan de esta segunda línea más bien dan por entendido el asunto, y de lo que se trata sobre todo es de argumentar en favor de la necesidad de juzgar y castigar. Desde mi óptica, esta lectura presenta un problema para quienes nos interesamos en entender qué sucedió y cómo pudo suceder, y ese problema es que, puesto que debido al tiempo transcurrido desde los hechos solo es posible hoy procesar por crímenes de lesa humanidad, esta segunda clave de lectura tiende casi ineluctablemente a borrar las distinciones entre las distintas actitudes de complicidad abierta, de omisión o de adaptación, de manera a empujar la caracterización de dichas actitudes hacia los términos de los crímenes imprescriptibles. Es decir, es una lectura que a mi entender corre el riesgo de propender a simplificar lo complejo, a eliminar las amplias zonas grises que se extienden desde la oposición o resistencia abierta (casi inexistente) hasta la participación activa (escasamente probada),  y que por ende, tiende a dificultar la comprensión de aquello que sucedió, de las diferencias de las acciones y las motivaciones, en aras de la penalización del mayor número posible. El texto de Marcelo Alegre al que me referí recién creo que explicita en buena medida esta preocupación que hago mía. Cierro, entonces, el comentario a mi primer comentario.
El segundo comentario es en realidad un desarrollo del anterior, o sea un segundo comentario al primer comentario, y refiere a cómo pensar, justamente, las fronteras entre actitudes de complicidad activa, de omisión, de adaptación. Probablemente muchos de uds. conozcan el texto de Karl Jaspers, “El problema de la culpa”, en que en que Jaspers distingue cuatro dimensiones de culpabilidad –culpa criminal, culpa política, culpa moral, culpa metafísica. Siguiendo con el clivaje anterior, diré que la lectura del libro me puso, una y otra vez, frente a dos maneras de interrogar la diferencia entre estas formas de culpa, y frente al modo en que podemos abordar la dificultad para trazar los límites claros entre una y otra:  por un lado, encontré en el libro diversos textos que se interesan en estas diferencias –en la diferencia entre actitudes comisivas y omisivas, entre reproche moral y reproche legal, entre complicidad y complacencia, entre contribución criminal y acción banal, que se interrogan respecto de la diferencia en moralidad de las acciones, y que por ende impulsan al lector a reflexionar al respecto (pienso en los textos de Filippini, de González Bertomeu, de Sarrabayrouse, de Villalta y Regueiro). Allí tengo algunas diferencias o algunas preguntas, por ejemplo sobre la utilización de la idea arendtiana de “banalidad del mal”, pero eventualmente podemos volver sobre esto en el debate. Junto a estos textos, encuentro que otros artículos parecen interesarse en las distinciones sobre todo para negar su pertinencia, para desdibujar las distancias entre ellas, para empujar, por caso, la omisión hacia la complicidad criminal, por convertir a los complacientes en culpables y también, por qué no, a los personajes más afines en héroes sin mácula. Son textos que parecen desinteresarse por las zonas grises, y que tienden a repartir a los actores en zonas blancas del bien absoluto, y zonas negras del mal radical. Al respecto, tengo que admitir que me fastidió bastante que un artículo pueda simultáneamente decir que a Strassera “ya le va a llegar la hora”, por su acción como fiscal en un caso de desaparición, mientras coloca a Zaffaroni en el bando de los que resistieron, citando como prueba su acción en un caso de hábeas corpus (que por otra parte tuvo que terminar denegando). Strassera, al bando negro de los criminales, Zaffaroni al bando blanco de los resistentes, cada uno por un solo caso explicitado. Creo que Marcelo Alegre hace bien en recordar que incluso Zaffaroni no puede tampoco escapar completamente a la zona gris de quienes, de una u otra manera, tuvieron que adaptarse a convivir con el régimen criminal, si no estaban dispuestos a convertirse en héroes o mártires, o a exiliarse o pasar a la clandestinidad (Zaffaroni, como todos los jueces nombrados entre el 76 y el 83, juró por los Estatutos del Proceso). Mi segundo comentario, entonces, es en la misma clave que el anterior, que el libro, en sus solapamientos, en sus tensiones internas, hace –una vez más, y que lo quiera o no- que el lector de buena fe esté obligado a hacerse estas preguntas sobre las fronteras entre distintas formas de culpa o de responsabilidad, pero aún así, extrañé un poco que no hubiera una reflexión más intensiva, ya sea desde el punto de vista teórico o en su aplicación a casos, respecto del problema de las fronteras entre culpa criminal y política, y sobre todo, entre estas y culpa moral, como un paso previo para poder pensar cómo juzgar, cada vez, a quienes habitaron la ancha franja que media entre la complicidad criminal evidente de unos pocos, y la resistencia sin mácula de otros.
Decía; para poder pensar cómo juzgar a quienes habitaron esa ancha franja... Lo cual me lleva a mi último comentario, introducido por una nueva distinción. Hace poco me contaron que en el Museo de la Resistencia de Amsterdam, cualquier visitante que entra se ve obligado a ver primero un video. En ese video el visitante es confrontado con situaciones reales que vivieron los habitantes de Amsterdam bajo la ocupación nazi. Y cada vez, ese visitante tiene que responder qué habría hecho él. Las opciones son tres: colaborar, adaptarse o resistir. La pregunta se le repite, durante la visita, en diferentes ocasiones, siempre frente a situaciones reales. Querría proponer un contrapunto entre ambas preguntas, entre la del libro – ¿Ud. también, Doctor?- que además de ser un gran título, fiel a la habilidad tituladora de Siglo XXI, claramente supone un reproche moral,  y la del Museo de la Resistencia- que obliga a abandonar la superioridad moral de quien se creería a salvo del reproche –¿Qué habría hecho yo en esa situación? ¿Qué habría hecho, de haber estado en esa situación, de haber sido juez, o secretario o fiscal o abogado? Pongamos que no habría colaborado, que ninguno de nosotros lo habría hecho. Pero... ¿habría resistido o me habría adaptado, o tal vez me habría adaptado tratando de alguna manera de conservar mi integridad moral, como una forma de resistencia? ¿Que habría sido resistir? ¿Renunciar a formar parte de la justicia? ¿Arriesgar la vida presentando hábeas corpus de desaparecidos, de militantes de montoneros o del erp desaparecidos, por ejemplo? ¿Investigar las desapariciones e insistir de manera consecuente, cada vez, en el pedido de respuesta a los hábeas corpus denegados? ¿Hasta dónde? A ese respecto, debo decir que me llamó la atención que en los pocos artículos que se ocupan de lo que denominan “los que resistieron”, son calificados como tales quiénes, por su acción previa al 24 de marzo de 1976, o bien tuvieron que pasar inmediatamente a la clandestinidad, o exiliarse, o fueron secuestrados en el momento mismo del golpe, o cuando lo fueron más tarde, lo fueron en tanto militantes clandestinos y no en razón del ejercicio de su profesión bajo la dictadura. Esto es, quiénes, por así decir, no tuvieron ni siquiera la opción de resistir en tanto integrantes de la familia judicial. Esos artículos coinciden, de hecho, en que quienes estaban identificados como abogados de la Gremial, o simpatizantes de partidos de izquierda o de organizaciones político-militares, “no podían hacer nada”, como dice Saldivia Menajovsky citando a Eduardo Duhalde. Resistir, entonces, no remite a haber hecho algo –no podían hacer nada- sino en ser antes de marzo de 1976 del bando de los militantes o simpatizantes de organizaciones de izquierda o revolucionarias, o de la Gremial de Abogados. Pero si ellos no podían hacer nada, entonces, nuevamente ¿qué era resistir, dentro de la profesión judicial? ¿a quién le era dada esa opción, siempre dentro de la profesión? Los escasos ejemplos –fuera de los de opositores que como decía, después de marzo de 1976 “no podían hacer nada”- son de acciones de 1982, ya después de Malvinas, o sea en pleno proceso de debilitamiento de la Dictadura, o de acciones que se cuentan con los dedos de una mano, o de actores que me parece muy difícil que puedan escapar a la zona gris de los que, de una u otra manera, también se adaptaron. Se adaptaron en el lenguaje que usaban, en que juraron por los estatutos, en que aplicaron las leyes de la dictadura, en que en última instancia tenían que plegarse a la denegación de los hábeas corpus, en que –si nos atenemos a los textos más duros- brindaron su caución legal al régimen criminal a través del ejercicio de la función judicial. Si entonces aquellos que en el libro aparecen como “los que resistieron” en realidad o bien no pudieron ni siquiera resistir, o bien no pudieron sustraerse del todo a la ancha zona gris que combina adaptación y resistencia puntual, o complicidad moral y búsqueda por escapar a esta, ¿no deberíamos pensar más en profundidad las distinciones (vuelvo a lo que decía antes), las distinciones entre resistentes y complacientes, por ejemplo, o la asociación entre culpabilidad y omisión de actuar? ¿No deberíamos preguntarnos, como lo exige el Museo de la Resistencia, quién de nosotros habría escapado del todo a la adaptación; qué alternativa, otra que el martirologio, había para la resistencia dentro de la profesión jurídica? Las zonas negras de la culpabilidad criminal indudable –el caso Brusa- no presentan mayores dificultades; pero ¿no deberíamos preguntarnos cómo juzgar, sin complacencia moral pero con seriedad y honestidad, las gradaciones cromáticas que separan esa amplia zona gris que se extiende entre los pocos casos de culpabilidad criminal indudable –Brusa-, y los pocos casos, si es que los hay, de resistencia sin grises? ¿Qué otra opción de resistencia pura, de conducta puramente blanca, que no fuera el martirologio, podemos imaginar, en aquellos que –por no estar obligados a la clandestinidad o el exilio- tuvieron la posibilidad de verse confrontados con este dilema moral?
Quiero terminar diciendo que –si leemos el libro con la suficiente apertura a la interrogación- las tensiones en su interior, las diferencias entre las dos miradas, tal vez pueda hacer las veces para nosotros del desafío al que nos somete el Museo de la Resistencia de Amsterdam. Porque sin duda no habríamos sido Brusa, ni habríamos celebrado el Terror de Estado, ni habríamos aceptado formar parte de la Corte Suprema designada por la Dictadura. Pero no es lo mismo haber torturado que haber cerrado cobardemente los ojos. No es lo mismo justificar la tortura y la desaparición que intentar justificar la propia cobardía o asumir el propio temor. No es lo mismo haber aceptado integrar la Corte Suprema que haberse resignado a jurar por los Estatutos del Proceso. No es lo mismo haber visitado los campos de exterminio, ni haber participado de asados de confraternidad con los altos rangos militares, ni haber hecho pagar las costas a los familiares, que haberse negado por miedo a presentar el hábeas corpus de un amigo desaparecido. Tiendo a creer que la comprensión cabal de las complicidades y complacencias civiles no puede ahorrarse la interrogación sobre las opciones a las que se enfrentaron los actores, aquellos que no deseaban ser cómplices pero tampoco estaban dispuestos a convertirse en héroes o mártires (dicho sea de paso, me extrañó la casi ausencia del miedo en los análisis de las actitudes, salvo en una mención en Sarrabayrouse, y en los textos dedicados a “los que resistieron”). Me parece muy importante que, en la actualidad, se amplíe la mirada sobre los años setenta, y en ese sentido, celebro la aparición de este libro. Pero tengo cierto resquemor frente a la tendencia a juzgar con demasiada seguridad moral, y con demasiado entusiasmo punitivo la acción de quienes formaron parte de aquella amplia zona gris, repartiendo culpas y absoluciones que muchas veces no son sino la capa superficial de nuestras opciones políticas; desconfío de quienes, bajo el paraguas de la ampliación, solo buscan ratificar sus certezas sobre buenos y malos, culpables e inocentes, en lugar de buscar hacerse nuevas preguntas sobre el bien y sobre el mal, sobre las luces y sombras de la culpabilidad y la inocencia –y aquí, el libro me deja con sensaciones encontradas. Terminaré diciendo que, por mi parte, entiendo que la ampliación de la mirada sobre los setenta, sobre la responsabilidad de los distintos actores, debería anteponer la formulación de preguntas a la convalidación de certezas, la comprensión del “cómo pudo suceder” al entusiasmo punitivo. Del cómo pudo suceder que personas normales cometieran actos bestiales; que hombres aparentemente probos avalaran, desde sus lugares institucionales, con su complicidad o su silencio,  la realización del exterminio de quienes eran designados como enemigos por la Junta, que gente común mirara hacia otro lado y dijera “algo habrán hecho”, como si el “haber hecho algo” pudiera justificar el secuestro y la desaparición. En ese “cómo pudo suceder” no solo encontramos claroscuros morales, políticos y jurídicos entre quienes avalaron o toleraron, por connivencia o por miedo, la barbarie dictatorial. La ampliación de la mirada sobre los setenta, concluyo, si me permiten, con una apreciación personal que escapa a los alcances de este libro, debe en mi óptica estar guiada no solo por la voluntad de ampliar la responsabilidad de quienes comulgaban con los fines de la Dictadura, o de quienes se adaptaron al estado de cosas, sino que debe también estar dispuesta a interrogar la responsabilidad de quienes participamos entonces de organizaciones que declamaban y ejercían la violencia como medio para la acción política, y que contribuyeron o contribuimos, por nuestra acción, a la depreciación de la democracia y de la ley, y a que, cuando se desencadenó el Terror criminal del régimen militar, gran parte de la sociedad civil estuviera dispuesta a taparse los ojos, los oídos y la boca. También nosotros, en esta ampliación de la mirada, debemos interrogarnos sobre nuestra responsabilidad moral y política. Yo, que a los 20 años, siendo estudiante de Derecho, fui militante de una organización que practicó la violencia en democracia, no puedo exonerarme de toda responsabilidad y preguntar sin más, tan suelta de cuerpo, “¿Ud. también, Doctor?”. La última palabra será para Jaspers: “la comisión de pequeños pero numerosos actos de negligencia, de cómoda adaptación, de fútil justificación de lo injusto; la participación de la atmósfera pública que propaga la confusión y que, como tal, hace posible la maldad, todo esto tiene consecuencias que condicionan la culpa política por los estados de cosas y los acontecimientos”.

Hoy presentamos La sala de máquinas, en conversación con M.Svampa, R.Lo Vuolo y V.Palermo

En su minucioso y polémico estudio, Gargarella invita a transformar de modo radical los sistemas de organización del poder que se ubican lejos de una democracia deliberativa afincada en la igualdad.

Katz editores

invita a la presentación de
La sala de máquinas de la ConstituciónDos siglos de constitucionalismo en América Latina (1810-2010)

de Roberto Gargarella
Presentan:
Maristella Svampa, Rubén Lo Vuolo, Vicente Palermo
y el autor


Martes 19 de mayo, a las 19.00 hs.
DAIN - Usina cultural
Nicaragua 4899, Ciudad de Buenos Aires
Entrada libre y gratuita

18 may. 2015

Las raíces del desencuentro

MW, en su editorial del domingo (acá), da en la tecla: incluye un párrafo que para mí resume bien lo que ha sido el kirchnerismo en todos estos años. Dice él (hablando del Fútbol para Todos):

"el FPT construyó una cohabitación entre el gobierno, la AFA y los clubes. O sea, una trama de pactos entre el gobierno que más combatió contra (y más se diferenció de) los poderes fácticos y un sector de éstos, poderoso por donde se lo mire, rapaz e insolidario.
Esa es una clave del problema, no tan diferente en esencia a la que se presentó con(tra) los servicios de inteligencia o los jueces de Comodoro Py. Los lazos con aliados circunstanciales peligrosos no pueden ser eternos. En un punto colisionan con el interés común.
Dicho de otro modo, y creyéndolo: el fútbol no es un cuerpo extraño en la cultura nacional pero es, aquí y ahora, una de sus peores manifestaciones. Cambiarlo conservando sus actuales partes y herramientas pinta imposible y poco serio."
Curioso, otra vez: lo que para mí es nota distintiva del kirchnerismo, y razón para abominarlo, para otros (él mismo) es una nota más, que se suma a otros matices, grises de por aquí y blancos de por allá. De mi parte, entiendo que se trata del corazón del problema, y el rasgo que lo define todo: más que enfrentarse con las grandes corporaciones, el kirchnerismo ha pactado una y otra vez, en todos los casos, con parte de las corporaciones, ha negociado con ellas, ha obtenido réditos económicos y políticos con ellas, para lo cual ha tenido que sacar a algunas otras del camino. Alguien podrá decir "no se puede trabajar de otro modo en política; hay que hacer alianzas; no se puede ir contra todos a la vez". Este tipo de ideas suponen un inexistente principio heroico, del tipo "se está yendo contra una corporación por vez, para terminar eliminándolas a todas." Nada más ajeno a la verdad (es lo que parece reconocer MF al hablar de "imposible y poco serio"). El kirchnerismo se ha enfrentado con algunas corporaciones que obstaculizaban ciertos negocios, o no aceptaban pactar ventajosamente con él, bajo la lógica nestorista de "necesito más plata para seguir haciendo política" (antes le decíamos "robo para la corona"). La lógica ha sido esa -ampliar el margen de negocios- y no la otra -eliminar de una vez por todas, de a una por vez, a todas las corporaciones. La segunda opción es heroica, la primera es miserable. Curioso cómo podemos llegar a reconocer el mismo hecho dramático, y leerlo de modos tan diferentes. 


16 may. 2015

Discutir la Constitución del 94 (con E.Anguita)

En un programa conducido por el periodista E.Anguita, discutimos, al comienzo sobre todo, en relación con la Constitución del 94 (ver acá). En la discusión aparece un desacuerdo curioso, que revela mucho, según creo, de los modos de la discusión actual, y los efectos de la propaganda o el no querer ver, también. Anguita (un periodista, digamos, kirchnerista de izquierda, si se puede hablar en esos términos, con alguna apertura autocrítica, si se puede hablar en estos términos), arranca criticando la Constitución del 94, a la que considera producto puro del "Consenso de Washington," Cavallo y las multinacionales. Le respondo que yo critico la Constitución del 94, pero no por esas razones, que me parecen equivocadas. Él retruca y habla de las presiones de los organismos internacionales pidiendo por la federalización de los recursos naturales. Le respondo aclarando lo que él parece ignorar por completo: si hubo dos personas que en la Convención abogaron por el traspaso del petróleo a las provincias, ellos fueron Néstor y Cristina. En fin, cómo se puede afirmar lo primero (aquella crítica), e ignorar lo segundo, o desconocerlo, o minimizarlo (lo que permite mantener el tipo de adhesiones políticas que se mantienen, y un discurso antiimperialista de esa naturaleza). Muy curioso, muy curioso. 

15 may. 2015

Acuerdos ideológicos, desacuerdos fácticos


(publicado en clarín, acá)

Durante muchos años, la discusión política en nuestro país fue ideológica y se dio entre grupos políticamente enfrentados. En los 60, por ejemplo, la Argentina se enfrentó a una grave ruptura entre campos rivales, que creciera al calor de la Revolución Cubana, Mayo del 68, y el activismo de grupos políticos y sindicales de izquierda. En los 70, dicha disputa estalló duramente dentro del ámbito de las Ciencias Sociales, alcanzando a cuestiones tales como la de la legitimidad o necesidad del uso de la violencia en política. En los años 90, se desató un fuerte debate (especialmente entre economistas) en torno al rol del Estado, su intervención en la economía, y el valor y sentido de las privatizaciones. Curiosamente, en la actualidad, y contra lo que ha sido la regla en todo el mundo (y también en nuestro país), hoy nos reúnen llamativos acuerdos ideológicos pero, a la vez, un inconcebible nivel de desacuerdos sobre cuestiones de hecho. Permítanme ilustrar ambos puntos.

En primer lugar, registramos hoy fuertes niveles de coincidencia ideológica –pese a las apariencias- sobre temas centrales. Por caso, tendemos a coincidir en el valor de la Asignación Universal por Hijo; o en la importancia del juicio a las juntas; o en la necesidad de la intervención del Estado en materia de regulación económica; o en la exigencia de contar con una justicia o una estructura de medios más democrática. Quiero decir, en los temas públicos más relevantes de la actualidad (y más allá de diferencias en detalles, no siempre relevantes), registramos notables niveles de acuerdo.

Sin embargo, y en segundo lugar, nos encontramos con que el acuerdo ideológico extendido se acompaña de un igualmente notable desacuerdo sobre los hechos. Por distintas, razones, tendemos a disentir sobre el modo en que leer una mayoría de hechos fundamentales. Por ejemplo, algunos se refieren a la década kirchnerista como la década de la “vuelta de la política” –el tiempo de la recuperación de la participación popular. Para muchos de nosotros, en cambio, ésta es la época en la que más se concentró el poder -y la verticalización del poder niega, simplemente, la idea de que el pueblo participa de modo decisivo en la resolución de sus propios asuntos. De modo similar, para algunos, ésta es la época de “los derechos ganados.” Para muchos de nosotros, en cambio, éste es un tiempo en donde se han arrasado derechos de todo tipo (piénsese, por caso, en la persecución de pueblos originarios; el desplazamiento de poblaciones en nombre de los agronegocios o los negocios mineros; o los niveles alarmantes de desnutrición infantil existentes en el Norte del país). Del mismo modo, para algunos, ésta es la época de la “recuperación del Estado;” mientras que para muchos otros es el momento en que se terminó de colonizar al Estado para favorecer cierto tipo de negocios -sobre todo, en materia de minería, petróleo o comunicaciones). Disentimos también sobre los hechos cuando hablamos de la deuda pública (¿se trata de “la época del desendeudamiento,” o de la etapa en que se expandió la deuda pública?); o sobre la marcha de la economía (¿empleo recuperado, precios cuidados y más igualdad, o desempleo creciente, inflación y desigualdad como en los 90?). En definitiva: disentimos radicalmente en torno a los hechos más básicos de la vida pública.

Lamentablemente, el desacuerdo citado se expande hasta llegar al corazón mismo –al núcleo duro- de la investigación y los estudios científicos en el país: el desacuerdo sobre los hechos alcanza y divide a académicos dedicados puramente a la investigación, a miembros del CONICET, a los más selectos integrantes de la comunidad científica nacional, dedicados a pensar cotidianamente sobre el derecho, la política o la economía. La pregunta que aparece  entonces es la siguiente: Qué explica este llamativo acuerdo ideológico general, que se acompaña de este extraordinario nivel de desacuerdo sobre los hechos? Las respuestas posibles son muchas (estadísticas destruidas; una prensa partidizada; una justicia muy cooptada por el poder; la utilización de la TV pública como TV partidaria; el empleo de las pautas publicitarias oficiales con fines directamente violatorios de la ley; la abierta utilización de los servicios de inteligencia para la compra de periodistas y jueces; el uso desvergonzado del dinero oficial con fines de propaganda; etc.). En todo caso, lo cierto es que la persistencia de tales injustificados desacuerdos, socavan las mismas bases de nuestra vida en común, alimentando tan cotidianos como innecesarios enfrentamientos.


13 may. 2015

Garrido sobre Fayt y el archivo al juicio político a Boudou

Excelente Manuel Garrido, acá. Me enorgullezco de formar parte de una generación que ha tenido a Manuel, o a Marcela Rodríguez, entre sus miembros: pequeñas luces de esperanza en medio de la degradación y la entrega, dirigentes que venden su alma y defienden lo que le pongan delante.

Consensuar con el oficialismo

Cómo se puede, al mismo tiempo, criticar a la oposición por no "bajar a negociar" algún nuevo nombramiento en la Corte, y hacer lo que ayer en la Comisión de Juicio Político? Invito a la oposición a discutir el pedido de juicio político a Boudou, y apenas comienza la reunión archivo el pedido de juicio a Boudou, y también los referidos a Gils Carbó y a Timmerman, a la vez que le abro un expediente al juez Fayt? El consejo a la oposición no puede ser, sino: NUNCA acepten negociar con el actual oficialismo situado en posición dominante. 

12 may. 2015

Edades

De AGD, acá, sobre el "vamos por todo", que ahora se lanza contra (más que nunca) Carlos Fight (acá)

11 may. 2015

Hoy: presentamos Sala de Máquinas (en conversación con M.Svampa, R.Lo Vuolo y V. Palermo)

En su minucioso y polémico estudio, Gargarella invita a transformar de modo radical los sistemas de organización del poder que se ubican lejos de una democracia deliberativa afincada en la igualdad.

Katz editores

invita a la presentación de
La sala de máquinas de la ConstituciónDos siglos de constitucionalismo en América Latina (1810-2010)

de Roberto Gargarella
Presentan:
Maristella Svampa, Rubén Lo Vuolo, Vicente Palermo
y el autor


Martes 19 de mayo, a las 19.00 hs.
DAIN - Usina cultural
Nicaragua 4899, Ciudad de Buenos Aires
Entrada libre y gratuita

Académicos en la Corte (finalmente¡)

Hacía rato que buscaba un gráfico como éste, y finalmente lo encuentro, a partir del gran trabajo que está haciendo la académica colombiana Sandra Botero, de quien me atrevo a tomar este cuadro (el trabajo todavía no está publicado así que no lo referencio o linkeo). Sandra muestra el porcentaje de miembros de la academia, del poder judicial, y del sector privado (u otros), en la composición de la Corte Constitucional Colombiana. Es notable -para mí, insisto, éste es el sesgo con el que leo el cuadro- reconocer cómo la calidad de las decisiones de la Corte Constitucional se vinculó directamente con el contar con (buenos) académicos en su composición; y cómo (lo que yo llamaría) su gradual degradación, se vinculó con el crecimiento de los sectores privado y judicial en su composición. En particular, me resulta claro (y entiendo que a ella también) que la impresionante defensa que hiciera la Corte Constitucional Colombiana de los derechos "nuevos" (algo único en el mundo), encuentra una relación directa con el aporte de los académicos: fueron ellos quienes promovieron, directamente, ese avance. Hoy, en cambio, la Corte no cuenta con NINGUN académico entre sus miembros, y así van los resultados.

Algunas aclaraciones. Primero, alguien podría decir: "no se trata de académicos, sino de buenos profesionales, en lo suyo, frente a malos profesionales." No lo creo: el aporte que pueden hacer los académicos en la defensa de los derechos es único. Lo que en otros casos es una excepción en la materia, en el caso de los académicos tiende a ser la regla. Segundo: creo que el sesgo es todavía más fuerte. Me animaría a decir -y el caso de Colombia lo ratificaría- que ese aporte especial proviene, en particular, de académicos especializados en cuestiones de filosofía y derecho público (y podría ser más específico todavía). Entiendo que la regla referida al aporte de los académicos (de derecho público) se ratifica en otras Cortes, incluyendo a la norteamericana o la italiana, para citar algunas. 

Finalmente, el gráfico también me ayuda a explicar la posición que desde aquí sostuvimos en relación con la nominación de Carlés para la Corte argentina: lo defendemos por ser académico (muchos lo criticaban por ello), pero en cambio lo criticamos porque todavía no tiene una carrera académica que permita darle contenido real a lo que es, en los hechos, su única carta valiosa.


p.d.: el cuadro forma parte de un trabajo "en proceso" y por tanto, me aclara la autora, sujeto todavía a ajustes y precisiones.



 Transitional Court: Seven-member court 1992-1993 I Court: 1993-2001 approx
II Court: 2001- 2009 approx
III Court: 2008/2009 – 2016 approx

IV Court: 2012-16-
The classification of the court into 8-year periods is a rough approximation, following the original constitutional design. The resignation of some justices before their 8yr term expired has 

9 may. 2015

El lugar del pueblo en el derecho penal

Bueno, ya que la revista Pensamiento Penal colgó este texto mío, vamos a difundirlo también por acá.

http://www.pensamientopenal.com.ar/system/files/2015/05/doctrina41047.pdf#viewer.action=download

Rousseau sobre las Constituciones de Polonia y Córcega II. Polonia y los órganos de la libertad como instrumentos de la esclavitud

Rousseau temía que Polonia perdiera su independencia política, y la primera cosa que aconsejaba, para preservarla, era la educación moral, el cambio en las costumbres y sensibilidades. Otra vez, insistía sobre la necesidad de terminar con el lujo, con la conciencia de que no se podía extirpar simplemente, menos con leyes, y menos aún en situaciones de desigualdad estructural.

La educación institucional entonces era imprescindible, como lo era la educación informal, en la vida en común, en el compartir espacios públicos, en el encuentro en lugares compartidos, en donde las distintas secciones de la sociedad pudieran reunirse (piénsese esto a la luz de la separación, las barreras, los barrios privados, propios de nuestro tiempo; una idea sobre la cual siempre insistimos, a través de los escritos de Michael Sandel). Las comunidades debían ser pequeñas y la economía, arreglada a principios como los que mencionáramos en relación con su estudio para Córcega,

Otra vez, en efecto, y notablemente, volvía sobre la idea de que el sistema económico se elegía, y debía elegirse conforme a los objetivos buscados. "Si lo que se busca es la simplicidad de maneras, los gustos saludables, espíritus sin ambición, almas corajudas y desinteresadas" lo que debía hacerse era fomentar una economía agraria, en donde "el dinero fuera despreciable y en lo posible inútil" (!!!). Si lo les gusta esto -agregaba- "deje de leerme acá mismo."

Los arreglos institucionales -sobre los que me concentro ahora- también debían ser de un cierto tipo.
Destaco sólo algunos puntos.

El Ejecutivo debía estar siempre "subordinado al legislativo," porque el riesgo de que el Ejecutivo se impusiera sobre el poder del pueblo era permanente y grave. Y como lo principal era impedir "el terrible riesgo de la corrupción, que convierte al órgano de la libertad en un instrumento de la esclavitud", debía pensarse también al legislativo de forma especial (interesante esta idea, también, cuando hoy en América Latina algunos quieren defender al mayoritarismo como Congresos dependientes y que levantan las manos simplemente, o Ejecutivos todopoderosos: para Rousseau éstas eran sólo formas de convertir a los órganos de libertad en instrumentos de la esclavitud").

Para evitar la corrupción del Legislativo, entonces, dos caminos eran fundamentales. El primero era el de los mandatos cortos, el cambio frecuente, las elecciones seguidas. El otro era el uso de las "instrucciones obligatorias" "Los representantes deben ser compelidos a seguir las instrucciones del pueblo de modo preciso, y obligados a proveer a sus electores de un recuento exacto de la conducta que han tenido desde sus cargos". Otra vez, un extraordinario consejo para las miserias propias del modo en que piensan la política hoy, quienes están en el poder (con las elecciones se termina la democracia, los que pasan a mandar son los elegidos, no hay ninguna cuenta que dar, hasta la próxima elección: la miseria absoluta).

Rousseau sobre las Constituciones de Polonia y Córcega I. Córcega y la economía sometida a la moral política

Hay dos escritos de Rousseau, en particular, que resultan tan espectaculares como poco estudiados. Son sus "propuestas constitucionales para Córcega," y sus "Consideraciones sobre el gobierno de Polonia." Los dos escritos fueron hechos en su vejez, por encargo, y le permitieron por primera vez, efectivamente, pensar sus consideraciones teóricas más abstractas, del Contrato Social en particular, aplicadas a una práctica concreta.

El escrito sobre Córcega destaca, en particular, por su entendimiento colectivista de la propiedad, por su énfasis en la economía "agraria," el modo en que vinculó al comercio con la riqueza y la corrupción, sobre todo la corrupción moral. Hay un consejo, en particular, que me parece extraordinario, y que siempre está presente en lo que él escribe:

Cuando pensemos sobre la economía, pensemos primero en el objetivo que queremos lograr. Si lo que nos interesa es "producir riqueza, entonces vayamos por una economía comercial." Si lo que nos interesa, en cambio, "es asegurar la libertad, pensemos en la agricultura." Hoy las condiciones han cambiado, en el sentido en que no podemos basarnos, como entonces, en esa lectura dicotómica sobre la economía. Pero la idea sigue siendo crucial: Primero, la economía no gobierna, sino que gobiernan las decisiones de moral política. Segundo, cada forma de organización económica está vinculada a ciertos fines, y a cierto tipo de ciudadanos. 

Si no prima el amor por la comunidad, dice Rousseau, si no prevalece "en el corazón de cada ciudadano," lo que tiende a prevalecer es "simplemente, el amor por el dinero." "Que no prevalezca la riqueza pecuiniaria a cambio de la riquea moral." Es sólo la última la que nos permite convertirnos en dueños de nuestras propias vidas. Tomaba entonces partido por la economía agraria, la simplicidad de costumbres. "Debe suprimirse el lujo suntuario, pero a través de la ley, sino a través de una administración que lo convierta en imposible."

La izquierda y el FIT según H. Tarcus

Interesante reportaje. a H. Tarcus, acá

8 may. 2015

Los irrompibles. El contexto es el significado

Que un radical "irrompible", que trataba a NK como asesino, ladrón, enriquecido durante la dictadura,sea ahora candidato a vice en la Ciudad, segundo del dueño de Aerolíneas (a la que también, obviamente, criticaba), y elogie al kirchnerismo debería sólo mover a risa. Pero me parece que es mucho más de eso. Dice algo de la militancia, la "juventud" hoy, los principios ("los irrompibles"!!!), lo que un poco de dinero o poder pueden hacer, para doblar lo rígido y romper lo irrompible. Quisiera simplemente reírme, pero no puedo: me molesta. Me molesta por lo que tiene de signo de época. Si cualquiera -un simple mafioso digamos- se vende, se entrega, se dobla, se rompe, está bien, lo entiendo. Cuando el que hace de su identidad los principios, los valores, el "no se rompe," está dispuesto a venderse al enemigo al que denunciaba como asesino, de este modo, a dejar de decir lo que decía ayer nomás, como si nada hubiera pasado, como si se pudiera decir cualquier cosa y simplemente decir ya no, me resulta intragable. El reportaje que le hacen hoy en Página es espectacular, extraordinaria muestra de cómo, literalmente, se puede decir cualquier cosa, y sentirse bien con uno mismo. Todo vale, todo es lo mismo, no importa nada. Un tiempo en que la palabra oficial es sólo mentira, la palabra política pura cloaca.

va parte de la entrevista:

–Pero hay cuestiones incluso en términos personales tanto con Kirchner como con Cristina Fernández...
–Hay que entender que el contexto es el significado. En ese momento yo tenía 500 seguidores, no tenía ninguna responsabilidad institucional. Estaba a cinco minutos de irme a la mierda de la política. Eso no era una opinión política, era la construcción de un grotesco que tiene que ver con la lógica de funcionamiento de Twitter. Si no conocés eso tal vez parece que uno es un esquizofrénico, pero yo usaba la misma lógica para la interna radical. En ningún momento quise herir ni lastimar a nadie. A ver, si vos te peleás con tu mujer, le decís un montón de cosas que no necesariamente pensás, pero se las decís porque estás caliente. Eso es lo que me pasaba a mí. Y yo estaba caliente con el kirchnerismo hasta que empecé a conocerlos.
–Una de las cosas que la oposición le critica a Recalde es la gestión de Aerolíneas. ¿Qué piensa del manejo de la empresa?
–La valoro como espectacular. Se compraron 73 aviones, se unió a todo el país, Mariano le dio una función social de la empresa. Si la pregunta es por el tuit sobre Aerolíneas, puede ser que estuviera vinculado con alguna noticia que haya salido, pero yo jodía con eso. Si se toman el trabajo de ir para atrás verán que tenía la misma actitud siempre, incluso conmigo.

7 may. 2015

Usted tambien doctor? En la feria del libro

¿Usted también, doctor?
Complicidad de jueces, fiscales y abogados
durante la dictadura
Juan Pablo Bohoslavsky
Sábado 9 de mayo a las 20.30 hs.
Sala Juan Rulfo
Feria del Libro - La Rural
Participan: Juan Pablo Bohoslavsky, Hugo Omar Cañon, Claudia Hilb y María José Sarrabayrrouse

CONAIE

CONAIE
Confederación de Nacionalidades Indígenas del Ecuador
ACUERDO - CODENPE N° 817 - 31 de Enero del 2008
Creado Legalmente - 24 de Agosto de 1989- Acuerdo M.B.S 01734
Quito, 30 de abril de 2015

Carta en solidaridad de la Confederación de Nacionalidades Indígenas del Ecuador CONAIE con los pueblos indígenas de Argentina
Quienes hacemos la -CONAIE expresamos nuestra más profunda solidaridad para con los pueblos indígenas de la Argentina, especialmente los pueblos Qom y Wichi, Pilaga y Nivacle. Nuestros hermanos se encuentran atravesando por graves violaciones a sus derechos humanos, en particular, conflictos con el gobierno provincial de Formosa por sus derechos territoriales.
La integridad física de los hermanos indígenas ha sido quebrantada tanto por acciones directas del gobierno local contra sus líderes, como por omisiones en la política pública que los ha llevado a vivir en extrema pobreza, produciendo en sus hijos niveles de desnutrición que están lejos de la media nacional no indígena, lo cual demuestra la vigencia de la discriminación y el racismo en la política pública.
El acampe Qom que se encuentra en la avenida más ancha del mundo en Buenos Aires, sin tener respuesta desde los altos funcionarios del Estado, lo que también demuestra el nivel de silenciamiento forzado que atraviesan los pueblos indígenas en el cono sur del Continente. Debemos recordar que la justicia histórica se construye precisamente en las sociedades que tuvieron penosas historias de genocidios y silenciamientos, pero los pueblos indígenas hemos venido levantando la voz, gritando, que otro mundo es posible.
La CONAIE lideró los primeros levantamientos indígenas en América Latina por los derechos de los pueblos indígenas; somos preexistentes a los Estados naciones, resistimos contra el colonialismo interno que nos sigue quitando nuestro territorio y persistimos en la lucha contra la discriminación y el racismo vigentes todavía en sociedades y gobiernos. Nos sentimos solidarios y levantamos nuestras banderas de resistencia junto a los pueblos indígenas de la Argentina, en especial con los Pueblos Qom y Wichi, Pilaga y Nivacle por sus derechos humanos y colectivos, para que cese la persecución y el hostigamiento contra sus líderes, para reconstruir la historia de los pueblos.
¡Argentina es parte del Abya Yala!
Jorge Herrera
Atentamente,
Por el Consejo de Gobierno
PRESIDENTE DE LA CONAIE
Av. Los Granados E10-275 y 6 de Diciembre • Casilla 17-17-1235 • Telfs: (593-2) 2-453-339 / 2-452-335

Telefax: (593-2) 2444-991 • E-mail: info@conaie.orgwww.conaie.org / www.conaie.org/fotos