3 jul. 2015

La construcción de legitimidad de la Corte Suprema argentina


Documento de coyuntura, escrito por la amiga Laura Saldivia, para la UNGS, acá 

1 jul. 2015

A cuento de la ley mordaza en España

Nuevo libro, en España 

30 jun. 2015

29 jun. 2015

Juan Carlos Torre: La travesía hacia el compromiso con la democracia


Gran texto de J.C.Torre, sobre (la) (su) travesía desde la izquierda y hacia la democracia ("travesía desde la cual emergimos iguales y a la vez diferentes")


                                                   Palabras en la Jornada de Conmemoración          
 “A 30 Años de Democracia” organizada por el Bloque del Frente Amplio Progresista de la Cámara de Diputados de la Prov. de Buenos Aires.


Quiero aprovechar la oportunidad que se me brinda para  recapitular  las principales estaciones a través de las que  fuimos  haciendo, como intelectuales que veníamos de la izquierda, la travesía  que nos llevó hasta  nuestro compromiso de hoy con la democracia. De  esa travesía emergimos iguales y a la vez diferentes. Iguales porque mantenemos nuestra aspiración de siempre por  una sociedad más justa. Diferentes porque en la actualidad procuramos plasmar esa aspiración  en el marco de una visión del orden y de la acción política que es distinta de la que fue la nuestra en el pasado.

Con respecto a ese cambio de perspectiva señalo que la primera estación de nuestra travesía fue el ajuste de cuentas que hicimos  a la vista del desenlace catastrófico de la violencia política de los años setenta. A la hora de hacer el ajuste de cuentas las palabras importan: ese desenlace catastrófico ¿ fue acaso una derrota o fue el fruto de un error ? Más concretamente, ese desenlace ¿ fue el resultado contingente de una empresa liberadora que mejor concebida o en circunstancias más favorables valía la pena encarar y llevar adelante?  O por el contrario ¿ fue el resultado necesario de una aventura jacobina que sustituyó la política por la guerra y entrañaba naturalmente, si hubiese sido exitosa, una involución autoritaria ? Frente a esa disyuntiva, quienes caminábamos en la dirección de una izquierda democrática preferimos  hablar de un error en lugar de hablar de una derrota. Por eso me estremece  escuchar,  como lo hacemos con frecuencia, consignas como “Volveremos: no nos han vencido!” que son un eco de la fascinación por la violencia que todavía está viva entre nosotros.

Porque en  la conclusión de nuestro ajuste de cuentas con el pasado primó la idea del error y no de la derrota ante nosotros se abrió  el paso siguiente, esto es, valorizar las libertades democráticas como plataforma hacia adonde reorientar nuestra aspiración por  una sociedad más justa. Vista a la distancia, esa no fue una tarea fácil, ya que consistía nada menos que en despojar a la democracia formal, es decir, a las reglas para la formación de los gobiernos y la adopción de decisiones públicas, del estigma  que había merecido tradicionalmente en el mundo de la izquierda. Tampoco fue una tarea exenta de equívocos, como los que sobrevolaban al diagnóstico de la derrota. Considerada desde el diagnóstico de la derrota la opción por la democracia  también era factible pero era percibida   como un simple  expediente táctico, en fin, como  un espacio adonde, a falta de una alternativa por el momento mejor, las fuerzas diezmadas por la represión podrían reagruparse para  retomar sus objetivos de largo plazo de  siempre.

En cambio, para  los que  en el ajuste de cuentas con el pasado suscribimos el diagnóstico del error la opción por la democracia comportó un replanteo más profundo. Me refiero al replanteo que nos condujo a hacer nuestra la tesis de Eduardo Bernstein, el político socialdemócrata alemán de principios del siglo XX cuando sostuvo que  “La democracia es a la vez un medio y un fin. Es un instrumento para instaurar el socialismo y es la forma misma de su realización efectiva”. Partiendo de esa premisa, postulamos que los cimientos y las reglas de la democracia otorgan a los sectores con menos poder en  la alta política y el mercado  los recursos para compensar sus desventajas extra-institucionales. Al poner en sus manos el derecho al voto y  las libertades para organizarse y formular sus demandas, la democracia potencia su capacidad para luchar por un orden más justo. Para nosotros, pues, la  democracia es en sí misma  un patrimonio   que no puede ser archivado sin grave riesgo en nombre de fines últimos superiores

La estación en donde descubrimos el valor de las libertades democráticas se articuló muy bien con una preocupación muy cara a la tradición socialista, a saber, que cada persona cuente con los medios para usar esas libertades. Cuando llega el momento de identificar cuáles son esos medios la mirada se dirige a menudo  a los medios materiales. Y está bien que ello sea así. Porque ¿qué es la libertad para quien no puede usarla?  ¿Cómo disfrutar de la libertad si se carecen de los medios para satisfacer las necesidades más apremiantes? El panorama que se perfila toda vez que examinamos la realidad con estos interrogantes ya lo conocemos. Basta para ello echar una ojeada a las prácticas clientelistas de los grandes y los pequeños caudillos políticos que proliferan en las periferias urbanas. De esta lamentable evidencia se sigue una conclusión: la democracia debe ser el ámbito para dilatar el universo de la ciudadanía poniendo al alcance de las personas los medios materiales que  potencien a futuro  su autonomía moral y política.

El proyecto democrático tal como hemos llegado a concebirlo sería incompleto si se limitara a lo que acabo de señalar. Más aún: no solamente sería incompleto. Tampoco haría justicia a uno de los descubrimientos más importantes que pautó nuestra travesía: me refiero al descubrimiento  de  la dimensión propiamente liberal de la democracia. A través del sendero abierto por el ejercicio de introspección en el que nos embarcamos se fue alumbrando una esfera siempre ocluida en el pensamiento de la izquierda: estoy hablando de la idea de poder limitado. La condena a la arbitrariedad absoluta del estado, como la que experimentamos   durante los años de la dictadura,  suministró las herramientas para una crítica más general a toda forma de poder sin límites, sea en la versión de los regímenes militares, sea en la versión del cesarismo democrático, que son, como bien  sabemos, figuras familiares en la accidentada trayectoria de nuestra historia política.

 Esta revalorización de los límites al poder, tal como se plasman en las garantías de los derechos individuales y los frenos y contrapesos en el ejercicio del gobierno, nos condujo, a su vez, hacia una concepción  más democrática de la democracia. Con este juego de palabras quiero evocar el contraste entre dos ideas de la democracia, aquella  articulada por el principio de la mayoría absoluta y la que  se expresa más bien en el principio de la mayoría limitada.  Mientras que en la primera lo que cuenta es la voluntad de la mayoría, según se desprende del veredicto de las urnas, en la segunda  el eje que ordena la vida política es la voluntad de la mayoría pero limitada por el respeto al derecho de las minorías. Confrontadas una con otra, y contra lo que quiere una tradición política de hondo arraigo en el país, la última acepción es la más democrática porque es la más inclusiva ya que comprende  tanto a la mayoría como a la minoría

Hasta aquí mi reconstrucción, seguramente parcial, del itinerario que hemos  seguido en el replanteo de nuestras creencias políticas. Mientras lo fuimos procesando,   suscitó con frecuencia   objeciones y reservas dentro del universo de la izquierda. Y se comprende que así fuera. Dentro de ese  universo  hubo muchos a los que les costaba digerir el tufillo socialdemócrata que se desprendía de nuestras flamantes ideas. Este estado de cosas experimentó un cambio  cuando la historia argentina nos sorprendió, como tantas veces lo hizo,  con el viraje político que se produjo en el  2003 a través el surgimiento del fenómeno político  del kirchnerismo.

Quisiera   abordar brevemente   los desafíos  que nos colocó esta última  temporada de nuestra  experiencia en democracia. En rigor de verdad  voy a concentrarme sólo en uno de ellos, el desafío que implicó   para una sensibilidad política ahora  más atenta al estado de derecho y al pluralismo democrático el despliegue de una empresa política como la que ha avanzado en estos años   a fuerza de mandobles institucionales y bajo el impulso de la dialéctica amigo/enemigo. A esa empresa política muchos  de los que, desde la izquierda,  acompañaron críticamente nuestro itinerario ideológico le han ofrecido  sus razones. Y así hemos visto que han  justificado la deriva hacia la concentración del poder público y un discurso oficial poco tolerante con los disensos en nombre de  un cambio social a la vez urgente y necesario. Por cierto, no pocos de ellos han admitido que existen tensiones entre esa política de transformación y los usos y costumbres de la institucionalidad democrática. Pero sólo lo han hecho para a renglón seguido  cuestionar  toda preocupación por  ese estado de cosas denunciando en ella, con palabras de otros tiempos, las limitaciones  de un institucionalismo  ciego y sordo a los imperativos de la lucha por el poder.

Para comentar esta postura, que evoca otras que conocimos en el pasado, recurriré  al pensamiento político ecologista. En forma sintética, el teorema del pensamiento ecologista parte de una premisa y afirma que, en verdad ,el progreso técnico tiene una función positiva porque va eliminando carencias y miserias. Pero enseguida llama la atención a los costos del progreso.  Las externalidades, como dicen los economistas para nombrar los efectos sobre un agente que produce la intervención de otro agente, pueden tornarse cada vez más negativas a medida que  aumenta la intensidad del progreso. Así tenemos por ejemplo el  caso de que si los prejuicios sobre la napa freática tienen un costo superior a los beneficios que reporta el uso masivo de pesticidas, el empleo de pesticidas se vuelve una cuestión problemática. Para cerrar el teorema, el pensamiento ecologista concluye que “el buen progreso” es un progreso sustentable desde el punto de vista de la preservación del medio ambiente. Creo que este razonamiento es pertinente para examinar con  su óptica la empresa política kirchnerista. El control de calidad de toda política de transformación es que ésta sea sustentable al ser juzgada para determinar  si afecta o no el medio ambiente de la democracia, es decir, sus reglas de juego y el  pluralismo político. Y bien, cuando aplicamos este criterio se comprueba a mi juicio que  el desempeño del proyecto promovido desde el gobierno ha dejado  mucho que desear.

Ocurre, sin embargo, que este déficit de calidad institucional suele estar incluido en sus cálculos. Y lo está porque ese proyecto se presenta como una tentativa audaz por cambiar la correlación de fuerzas con vistas a desplazar el punto de equilibrio desde el lugar en que quedó ubicado en los años noventa –el polo de las derechas  y sus corporaciones- hacia el polo de las fuerzas en sintonía con una transformación progresiva del país. Por lo tanto quienes son sus defensores proclaman, a la vista de la magnitud de la tarea que tienen por delante, que no es el momento de andar  con vueltas: para hacer una tortilla hay que romper huevos. Y si esos huevos son las reglas institucionales y la convivencia pluralista ya llegará el momento de prestarles atención, Una vez que se haya alterado la correlación de fuerzas, pero por cierto nunca antes, se harán las enmiendas necesarias  para dar respuestas a las preocupaciones  por “el buen gobierno” democrático.

¿Qué decir, pues, frente a este argumento que  se esgrime desde las filas del kirchnerismo ilustrado, en el mejor de los casos? Al respecto se me ocurre un comentario erudito y una observación empírica.  El comentario erudito descansa en el concepto de “la inercia de la trayectoria”, hoy en día muy popular en la ciencia política. Este concepto afirma que las decisiones que se toman hoy condicionan las decisiones que se harán mañana debido a que tienden a generar  hábitos e intereses creados que restringen, llegado el caso,  la libertad para cambiar el rumbo de la nave de gobierno.  Vistas  desde este ángulo, las formas de hacer política promovidas desde el vértice del poder presentan un riesgo previsible. Me refiero al riesgo de su reproducción en el tiempo. Si esta es una hipótesis plausible es muy probable que se bloquee la posibilidad misma de introducir enmiendas, como esas  que se prometen a futuro. La observación empírica a la que hice referencia  resulta de concentrar la atención sobre la actuación de quienes ocupan las posiciones de gobierno. Y al hacerlo  no puedo evitar una constatación: cuando “rompen huevos”  parecen hacerlo más por las pulsiones de una mentalidad autoritaria bien consolidada  que por un cálculo táctico adecuado a las circunstancias. Esta es una razón adicional por la que no me termina de convencer la justificación de las transgresiones de  hoy  en nombre de las correcciones  a realizarse en el día de   mañana.

Así las cosas creo que la mejor contribución que los intelectuales podemos hacer a la conmemoración de los treinta años de vigencia de la democracia es ratificar una concepción de la acción política muy distante de la que se celebra desde las alturas y la periferia del kirchnerismo. Me refiero a la concepción de la acción política para la cual la ampliación de las fronteras de la democracia, con vistas a una sociedad más justa, se produce con los métodos de la democracia misma, esto es, por medio de la discusión, de la tolerancia de los disensos, el compromiso y las alianzas, en fin, una concepción de la acción política que, como postula un socialismo de inspiración  liberal, rechace las alternativas  totalizadoras para ubicarse en el plano no menos ambicioso de reformas que busquen profundizar la equidad social y, al mismo tiempo, preserven las libertades individuales .

                                                                                           Juan Carlos Torre

                                                                                           3-diciembre-2013

Tom Ze lo hace de nuevo: Esquerda, grana e direita

Me saco el sombrero. Tom Zé, acá

Esquerda, Grana e Direita

Oh oh que porra
Oh oh que porra
Oh oh que porra
O povo querida querida salta do ovo
Querida querida para o esboço
Querida querida e o precariado
Querida lá tem trabalho de parto
O povo querida querida ainda suspeita
Querida querida de nossa covardia
Querida querida masturba e deleita
Querida esquerda, grana e direita
Quando o trabalhador cresce na sociedade
E tem a oportunidade de ser protagonista da história,
Ele pratica o método do opressor
Porque foi o único método que aprendeu.
Então, ele só sabe agir como o opressor.
Arrastão de paulo freire.
Um lápis e uma régua, um resfriado me pega
Um flash quase me cega, um memorando que nega
Um vento forte um chuvisco, no olho me entra um cisco
Um som de casa de disco, uma cobrança do fisco
Um desejo por vitrina, um amor certo de esquina
Hoje eu te pego menina, a minha mão por vagina
Com cartas de mulher nua, um cego atravessa a rua
Garçom, a carne está crua. A mãe de quem? É a sua
Um ódio que me destrói o sangue corre corrói
Eu quero ser um herói. Vida de porra my boy
Oh oh que porra
Oh oh que porra
Oh oh que porra
O povo querida querida há de sobreviver
Querida querida às canções e protesto
Querida querida a seus benfeitores
Querida e a esta nossa bondade
O povo querida querida ainda suspeita
Querida querida de nossa covardia
Querida querida masturba e deleita
Querida esquerda, grana e direita

28 jun. 2015

SE VIENE EL SEMINARIO EN SEPTIEMBRE, ENTERAMENTE DEDICADO A TEORIA DEL CASTIGO

Lo haremos (finalmente!!!) en una hermosa sala (Salón V.Sársfield). Pronto, más detalles

27 jun. 2015

La violación 5. La patota 3. La política en Mitre y Llinás

La Patota en su versión reloaded viene re escrita por Mariano Llinás y Santiago Mitre, que han colaborado ya en otros emprendimientos (El amor primera parte, por ejemplo). Y siendo que son dos de los mejores representantes del renovado cine nacional (los dos más salientes, para mí), es interesante notar de qué modo, a pesar de los vínculos, difieren en su aproximación a la política.

Llinás forma parte del largo grupo de la post-política: no hablamos de política (partidaria, ni ideológica) ni expresamente, como en el viejo cine argentino, ni de forma indirecta, como en parte del nuevo. Hay política, en todo caso, en otro sentido: política como hablar del mundo, política en tanto reflexiones en torno a cómo vivimos juntos, política en tanto pensamiento sobre lo que hacemos de la vida cotidiana. En este sentido, bien estrecho pero interesante, sí encontramos política, y siempre en un cierto sentido: lo que domina es la burla, la ironía, el no tomar nada en serio pero, a la vez, dejando en claro que hay ideas y hay lecturas (hay Borges sobre todo!). Y también, permanentemente, búsqueda -a veces más atractiva, a veces más superficial- de la disonancia, la ruptura, "lo salvaje." Y por eso la apuesta a cierto teatro nuevo argentino (a veces infantilmente provocativo) y a cierta danza contemporánea, liviana y graciosa. Esto también es (en ese sentido estrecho) política de la buena -un mensaje luminoso dentro de una realidad (la Argentina) que no vamos a cambiar, que nos trasciende en exceso.

Lo de Mitre es bien distinto. Basta ver que aún cuando recurre a la danza contemporánea, como en su peli Los Posibles, se trata de una apuesta super-politizada: danza de los marginados, de los excluidos que van a hacer danza en una "Casa Joven" de González Catán (!). En El Estudiante y en La Patota, además, se habla de política, y de política muy ideologizada. El punto recurrente en el cine del joven Mitre -la que parece ser la obsesión, el hueso que tiene atravesado en la garganta Mitre- es el enojo que tiene hacia los "mayores" (siempre, en este sentido, su mirada es "desde abajo") que traicionaron o abandonaron sus ideales (el viejo militante en El Estudiante, el padre ex PCR en La Patota). Mitre parece tener hacia ellos (supongo que habla de su propia biografía) primero admiración y luego más bronca que lástima (en El Estudiante), lo que lo lleva a una fricción permanente con esta gente, al punto tal que puede llegar a diseñar la propia vida en diálogo enojado contra ellos (La Patota). Mitre parece enganchado ahí. En ambos casos, más claramente en La Patota, la respuesta incluye también reflexión, cada vez más madura, pero el enganche sigue: la vida propia parece en buena medida explicada como contra-espejo de aquella contra la que se reacciona.

Lo de Mitre es excepcional, además, porque (en un modo que me seduce completamente) su punto de vista es el de quien -ingenua o comprometidamente- guarda principios, dignidad en medio del barro o la tierra roja. Esto resulta, en este tiempo, por completo revolucionario, dentro del discurso público predominante. Y si en El Estudiante el camino era uno de crecimiento desde una cierta candidez a la crítica embroncada, aguerrida, despierta ya, en La Patota es otro que va desde la convicción hasta un comportamiento obcecado, que lo arrastra a uno a a actuar sin la claridad inicial en relación con el fin último que todavía se persigue. El contexto es tan desesperante -sobre todo, para quien no quiere resignarse al todo vale- que uno queda asfixiado, sin saber exactamente hacia dónde ir.

En todo caso (y a diferencia de lo que me pasa a mí) Mitre muestra en su cine, todavía, mucha frescura, a pesar del gusto absolutamente amargo, las desilusiones una tras otra. Aun cuando abiertamente no ofrezca, en ninguna de sus películas, una clara luz de salida, el discurso se mantiene todavía vivo: hay energía para rato. Me queda la idea de "venimos pésimo, todo lo que nos rodea es horrendo, pero todavía seguimos, seguimos resistiéndonos a caer de rodillas, acá estamos." Ésa sería la síntesis: con todo en contra, con poco aire puro, los protagonistas siguen, cada vez más solos pero todavía de pie.

La violación 4. La patota 3: Por qué el castigo/derecho penal y pobreza

La gran película La Patota incluye, de modo muy central, muchas reflexiones sobre el derecho (como bien acota en los comentarios S. Mollis). La más explícita aparece en una frase muy construida: "Cuando los pobres están en el medio, a la justicia no le interesa la verdad, sino encontrar culpables." Gran reflexión: veraz e interesante. Para quienes estamos interesados en los temas de castigo y pobreza, la película tiene todavía (bastante) más. La protagonista (en este sentido, como la Mirtha Legrand en La Patota de los años 60), piensa ya sea en el perdón (cristiano en el de Mirtha), ya sea en la brutalidad e inutilidad del castigo: para qué quieren castigar? -pregunta la Paulina actual. No ven cómo los han golpeado? Qué ganan con eso? -agrega. 

Contra lo que dice Mollis (aunque supongo que no estará muy en desacuerdo con esto), creo que (nosotros, los críticos del castigo) podemos suscribir sin problemas la posición de la Paulina actual. De ninguna manera esperar que la gente actúe como ella (no es esperable, y es entendible que sea así), pero sí mantener la crítica en esa línea: el castigo es una locura, mucho más teniendo en cuenta cómo se lo piensa hoy, mucho más cuando se lo rodea -a las escondidas, como hoy- de golpes y torturas explícitas, que se superponen con la tortura implícita que es la cárcel. Tampoco creo que haya que hacer mucha concesión discursiva a lo que pensamos, ni en términos estratégicos. Decimos lo correcto, así que simplemente hay que decirlo claro, convencidos, y en todo caso argumentando mejor: la razón está de este lado. Y, cuando lo que está en juego son los derechos humanos básicos de cientos de miles de personas, hoy torturadas por el sistema estatal, no hay mucha transacción en la que involucrarse: se trata de una cuestión, en buena medida, radical, en parte de todo o nada, categórica. No se puede tomar como regla la tortura, en ninguna de sus formas.

La violación 3.

Stuka, guitarrista de Los Violadores (acá), insultó con fiereza a Patricio Rey, pero sobre todo dijo lo que cualquier músico de rock debería decir:

"La gran mentira no pasa por ser K o no K, cualquier gobierno en sí es una mentira. Vos no podés ser rockero y apoyar. Se perdió esa cosa pura del rock de estar en la vereda de enfrente”. 

26 jun. 2015

La violación 2. Santiago Mitre y La Patota

Ayer, con cierta demora, vi La Patota, nuevo y excelente film de Santiago Mitre, remake del que hiciera Daniel Tinayre en 1960. Cada día me identifico más con lo que está haciendo Mitre. La metáfora de este film es terrible, y dice mucho acerca de cómo pensar esta época. Resulta también genial ver el sentido de la película en los años 60 (contexto de incipiente liberación de la mujer, los Beatles, el tema del aborto, la moral religiosa, los patoteros declarando "qué lección que nos dio la maestra" -líneas de moralina intragable, aunque la película de DT, en lo que la conocí, me pareció interesante también), y ver su sentido hoy. Yo rescato sobre todo una idea, que me parece línea básica en el film:

Todavía tenemos convicciones, todavía empujamos por los ideales. Pero. No se trata de que encontramos inconvenientes, No se trata de que la práctica está todavía lejos de los ideales. No se trata tampoco de que el camino está difícil. No. Se trata de que vos ponés las convicciones, te jugás por ellas, y lo que te encontrás es que te reciben mal, y te agarran entre varios, y te violan. Te golpean para que aprendas. Te dejan sangrado en el piso, y pedí disculpas. De eso se trata. Del modo en que quien tiene convicciones siente esta época: tendés la mano y la respuesta es que te violan entre varios.



foto: dolores fonzi, sorprendente, increíble en la película. 

La violación I

Casación debió decidir esta semana sobre la (in)constitucionalidad del aberrante pacto firmado por el gobierno con Irán. La decisión -desfavorable al gobierno- resultaba ya bastante obvia para todos, y el pronunciamiento de la Cámara estaba programado, con fecha fija, desde hace meses. Por alguna extraña razón (impulsada por la Jueza F.), la decisión se demoró una semana. Hoy, el kirchnerismo desde el Consejo de la Magistratura, consiguió remover al Juez que definía el resultado contra la constitucionalidad del acuerdo. El kirchnerismo, también en materia de justicia, es el horror. Y todos los que se han alineado en este tiempo con ellos, en esta área, son cómplices también. El derecho hoy genera náuseas. Y lo peor es que ellos nunca pagarán, y nunca se hará justicia, y seguirán ganando ellos u otros peores. La violación. Eso son. 

25 jun. 2015

John Rawls: Filosofía Política Moderna (Audio)/ GOD

"Liberaron" los audios de las últimas presentaciones de John Rawls, sobre filosofía política moderna. Se puede escuchar al bueno de Rawls, con su modestia habitual, acá

(sobre la modestia de Rawls, siempre me viene en mente la anécdota de Michael Sandel, recién llegado a Harvard como profesor, y ansioso por conocer a su admirado y criticado Rawls. Sandel recibe una llamada inesperada de Rawls, invitándolo a comer, en donde Rawls le dice: "sé que acaba de sumarse al departamento, y quería invitarlo a comer, le habla John Rawls", y deletrea "R-A-W-L-S". Dice Sandel "para mí era como recibir un llamado de Dios, y Dios delentreándome su nombre, D-I-O-S").

foto: God en la mejor librería académica del mundo

21 jun. 2015

Sumisión política

De Maristella S., sobre la última abdicación del colectivo Carta Abierta, acá

19 jun. 2015

Adam Przeworski: La curiosidad infinita. Una pregunta, una anécdota, una cita, un consejo y una reflexión

El maestro Adam Przeworski me hace llegar un ensayo auto-biográfico, que anda escribiendo y está por publicar, en el que medita sobre su propia trayectoria, a la luz de la vida política que lo rodeara: un excelente ejercicio que combina lo personal y lo político a su estilo. Preguntas brillantes, rodeadas de pequeñas anécdotas personales, citas notables, consejos y grandes reflexiones. Elijo un ejemplo de cada una:

Pregunta: "Todavía estoy obsesionado con la pregunta acerca de por qué las personas con armas obedecen a otras que no las tienen"

Pequeña anécdota: Cuenta que comienza su vida político-académica, como inmigrante polaco en los Estados Unidos, haciendo un piquete para que permitan pasar una película con contenido sexual, que acababan de censurar en el cine de la Universidad (muy gracioso)

Cita: Sukarno, el primer presidente de Indonesia criticó la democracia parlamentaria como ajena al país porque -sostuvo- "ella incorpora el concepto de una oposición activa, y es precisamente la adición de este concepto lo que ha dado lugar a las dificultades que venimos experimentando desde hace once años"

Consejo: "Mi consejo a los jóvenes es que estudien lo básico, y lo básico para mi son las matemáticas, la filosofía y la historia. La ciencia política puede esperar"

Y termino con una de sus reflexiones -una que me encanta porque reafirma el que es, para mí, su rasgo de carácter más notable, el que hace que lo admire a él (o a su compinche John Ferejohn) desde siempre: su ansiedad de conocimiento; su inclaudicable disposición para escuchar a alguien -ya sea un gran profesor o un estudiante que recién se inicia, lo mismo da- diciendo algo interesante. Nunca vi a alguien con esa pasión por aprender!!! Cuenta Adam, entonces, acerca del "valor de que los jóvenes se burlen de los ya viejos", como él. Cuenta de su "repetida urgencia por alcanzar los conocimientos de sus estudiantes" ("All these kids know things I do not" -agrega). Y luego cuenta que siempre se preguntó si podría seguir aprendiendo de sus alumnos, o si estaría llegando a su límite. Su reacción -agrego yo, ahora- nunca fue la típica de tantos profesores: ningunear a los estudiantes, aplastarlos si los ven como "amenaza," impedir su crecimiento, separar al que sabe más que él. Adam fue siempre exactamente lo contrario: la vocación por tenerlos cerca, preguntarles, escucharlos con todos los sentidos alertas, mantener siempre viva su curiosidad infinita. Maestro!

18 jun. 2015

Zaffaroni/Strassera

El libro "Usted también, doctor?" editado por JP Bohoslavsky, y en el que varios escribimos, tiene muchos costados interesantes. Uno de ellos se reactualiza en estos días, a partir de la llegada al público del libro "desaparecido" y ahora reencontrado, escrito por Zaffaroni, justificando algunas de las prácticas más aberrantes de la dictadura. Ello, aunque el propio ERZ ahora lo disfrace (por ejemplo acá): es cierto que, durante los propios días de la dictadura (nunca peor momento para hacerlo) dio argumentos para justificar los golpes de estado; es cierto que, entonces también, justificó la pena de muerte; es cierto que, en el mismo período, justificó la pérdida de derechos de los homosexuales. Todo lo demás que quiera agregarse al respecto, es venta de humo. Pero vuelvo sobre el libro, para volver luego sobre Zaffaroni.

Uno de los aspectos más notables del libro es que -como pocas veces se ha visto- incluye una disputa/polémica a su interior, entre algunos de sus autores, que se disparan pequeños pero nada inocentes misiles de capítulo a capítulo. En particular, sin dudas, destaca la crítica que mi amigo Marcelo A. le dedica a Andrea P., en una nota al pie de su capítulo (la misma Andrea P. a quien nunca olvidaré por pedir, en mi ausencia, mi expulsión del CELS por ser un "crítico", iniciativa en la que fracasó estrepitosamente). Marcelo dedica su texto a reflexionar sobre las "zonas grises" (de las que hablara Claudia H.), y muestra los problemas de querer "enjuiciar" o "perseguir", de uno u otro modo, a quienes fueron jueces durante el tiempo militar -incluyendo, explícitamente, a ERZ. Andrea P., en cambio, se refiere a jueces como "Rivarola y Strassera" para aseverar que "tarde o temprano, deberán rendir cuentas ante la justicia y la sociedad por su proceder". Marcelo, en nota al pie de su trabajo, se refiere al "anuncio esperanzado de la alta funcionaria de la Procuración, de que al entonces fiscal Julio Strassera ya le llegará la hora." Y agrega que "la autora concluye que un paso adelante para el logro de éste y otros objetivos lo constituye la creación de la organización kirchnerista Justicia Legítima". Agregaría, por lo demás, que la autora habla del tema, al tiempo en que elogia sin matices a ERZ.

Comparto la posición de Marcelo en lo esencial, sobre todo a la luz de la contradicción citada: cómo puede/pudo mantenerse una posición tan agresiva contra Strassera, y al mismo tiempo semejante condescendencia con ERZ? Ayer, la impresentable Diana C., con la honestidad brutal que la caracteriza, pretendió dar cuenta de la contradicción y la doble vara: Simplemente Strassera fue un opositor político del kirchnerismo, y por tanto un enemigo, y eso convierte a su accionar pasado en imperdonable, mientras que Zaffaroni, que tuvo un intenso activismo ideológico a favor de la dictadura, es en cambio un aliado. Por eso, hay que leer su apoyo ideológico "en contexto" (no sé qué contexto podría minimizar su responsabilidad: él no se quedó callado ni inactivo, sino que salió a escribir a favor de la dictadura). No tengo ninguna duda de que es la misma clave explicativa del texto de Andrea P. Bueno saberlo. Las declaraciones de Diana C., acá.


14 jun. 2015

Nils Christie 2

(En Perfil de hoy, acá)

Hace pocos días, falleció el gran criminólogo noruego Nils Christie, quien ayudó a cambiar nuestra forma de pensar sobre el delito y sobre nuestras respuestas frente al mismo. Se trataba fundamentalmente de un hombre bueno que, desde siempre, pensó distinto que la mayoría de sus pares sobre todos los temas relevantes relacionados con el derecho penal. Como pequeño homenaje hacia él, en lo que sigue enumeraré (por razones de espacio) sólo cuatro de las muchas cosas que aprendí escuchándolo, leyéndolo, o hablando con él, y que creo pueden ser de interés para todos aquellos interesados en estos temas.

No hay persona con la que no compartamos un terreno en común. Christie recorrió el mundo como experto en temas penales, invitado para disertar en torno a las cuestiones sobre las que trabajó toda su vida. En tal condición, visitó cárceles en todos los continentes, en los lugares más remotos. En cada una de ellas –contaba- siempre se enfrentó con una situación similar. En algún momento, el encargado del establecimiento penitenciario lo llevaba a conocer a “las bestias,” “los monstruos,” “los insalvables,” “los peores criminales” formados en la comunidad. Christie llegó a la misma conclusión, en cada caso: jamás se encontró con esos pretendidos “monstruos”, jamás se enfrentó a una persona con quien no compartiera un amplio terreno en común -terreno desde el cual podía hablarse con el otro, entenderlo, reconocerse uno mismo en aquél. (Decir esto no implica librar al otro de responsabilidades, ni tomar un hecho grave como inofensivo. Implica, simplemente, romper con los habituales intentos de trazar una línea entre “los otros allí,” endemoniados, y “nosotros aquí,” los seres angelicales).

Comunidad y castigo. Christie solía citar un estudio empírico que demostraba de qué modo, frente a las primeras preguntas que recibían en torno a algún grave crimen, las personas tendían a reclamar respuestas estatales muy duras, extremas a veces. Sin embargo, el mismo estudio tenía la virtud de demostrar de qué modo tales respuestas comenzaban a variar, moderándose sustancialmente, cuando las personas encuestadas conocían más información en torno a aquellos a quienes habían “condenado” impiadosamente, en sus primeras respuestas. La conclusión parecía tan obvia como importante: cuanto más sabemos de los otros, de sus vidas, de sus dramas, cuantas más oportunidades tenemos de conocerles como seres humanos –en lugar de verlos simplemente de lejos, como criminales- más tendemos a “ajustar” nuestros juicios hacia ellos.

No expropiar el conflicto. El profesor noruego llegó al reconocimiento académico tempranamente, a fines de los años 70, a partir de un artículo simple, en el que daba cuenta sobre el modo en que el Estado tendía a “expropiar” el conflicto de las personas que se veían afectadas por el mismo. Por caso (y para comenzar con un ejemplo sencillo) un individuo aprovecha la ausencia de su vecino para forzar la puerta de la casa de éste, o romper la ventana, y así quitarle a su vecino sus herramientas de trabajo. El Estado interviene luego, como es habitual, deja de lado a la víctima y castiga al victimario, jactándose de haber hecho justicia. De ese modo, decía Christie, el Estado perdía la oportunidad de tomar otro camino distinto y mucho más interesante, para acercar a las partes, dejándolas a ellas como “dueñas” del conflicto, y ayudándolas sobre todo a “reparar” el drama ocurrido -a “restaurar” en todo lo posible el estado de cosas anterior al conflicto. Este tipo de proceder alternativo es conocido como  “justicia restaurativa” -un intento de “volver a levantar los leños caídos”, tal como lo sugiere el término “restaurar”, en su sentido originario.

Enfrentar los grandes crímenes de otro modo. Para algunos de sus críticos, la postura de Christie tiene sentido únicamente en países como Noruega, en donde –suponemos, equivocadamente- no hay conflictos mayores. Por ello –se seguiría de aquella prejuiciosa premisa inicial- las doctrinas de Christie sirven únicamente para comunidades sin mayor violencia, donde no hay grandes crímenes que enfrentar y “reparar.” Esta crítica, sin embargo, se aleja por mucho de lo que es cierto: en distintos momentos y lugares, Christie se dedicó a pensar en las respuestas posibles frente a los grandes crímenes: desde situaciones de apartheid, como en Sudáfrica, a las desapariciones en la Argentina, o la propia masacre en el campamento de estudiantes que tuviera lugar en Noruega, pocos años atrás. Las propuestas de Christie, frente a todos estos casos dramáticos, tuvieron siempre algunos elementos en común: preocuparse menos por la “imposición deliberada de dolor” (ésta es la definición tradicional de “castigo”) y más por la búsqueda de la verdad frente a lo ocurrido; buscando conocer quién fue responsable de qué; y tendiendo puentes de encuentro y diálogo, capaces de ayudar a restablecer los vínculos sociales gravemente afectados.

12 jun. 2015

Zaffaroni y su Derecho Penal Militar/ derechos de los homosexuales (con pd)

Zaffaroni respondió a las críticas que recibió, merecidamente, por haber publicado un libro sobre Derecho Penal Militar, en la época de la dictadura, en el que justificaba el golpe de estado (en caso de -sus palabras- razones "tremendísimas"); justificaba la pena de muerte frente a ciertos delitos; y justificaba la restricción de los derechos de los homosexuales, por ejemplo para el acceso al ejército. Lo dicho en ese libro, que conocíamos, es muy impresionante, y debería resultar muy iluminador para quienes están interesados hoy en criminalizar a todos los miembros de la comunidad jurídica -o al menos a los más relevantes- que colaboraron de un modo significativo con la dictadura. Casi tan notable como lo que dijo entonces es lo que dijo hoy, en su defensa: el argumento cultural, si es que puede considerarse un argumento. "La cultura cambia," afirmó hoy Zaffaroni, en su defensa. Eso justificaría lo que dijo entonces sobre cómo limitar los derechos de los homosexuales. No. Como siempre, el argumento cultural es lamentable. Limitar los derechos de los homosexuales era una enormidad imperdonable entonces, como lo es ahora. Lo sufrían mortalmente entonces los victimizados, como lo sufren ahora. Lo dicho no se justifica entonces, como no se justifica ahora. Muchísimos lo condenaban entonces, como lo condenan ahora. Si él no lo hizo, no es culpa de la cultura.

pd: igual, nunca nos sumaremos a quienes aprovecharon el río revuelto para minimizar sus dichos, acciones y omisiones durante la dictadura, para cargar contra la "doctrina" zaffaroniana (por ejemplo, acá). en este blog, criticamos la doctrina zaffaroniana por lo poco, no por lo mucho, y condenamos su pasado, tanto como su actitud hacia el mismo. porque alguien pudo tener un pasado equivocado, y arrepentirse y hacer mea culpa, o puede -como este caso, como tantos en casos de personajes ligados a este gobierno- hacer como si ese pasado no existió, y sobre actuar la posición contraria. imperdonable, inolvidable

8 jun. 2015

Falleció Norma Giarraca

Una gran pena por el fallecimiento de Norma, gran académica y militante social. Honor a ella y un abrazo grande a la familia

NUEVO GOLAZO DE IGUALITARIA: BRAITHWAITE-PETTIT, MAS ALLA DEL CASTIGO

Impresionante la nueva publicación de Igualitaria-Siglo XXI. Si la colección se terminara hoy, ya sería para sentirse satisfecho, sobre todo por libros como éste. Gran gran aporte a la (llenar con la descalificación que corresponda) discusión penal nacional. BRAVISIMO¡¡

Cuando una acción humana daña o lesiona a otros, ¿la única respuesta posible es la punitiva? ¿Existen modos de pensar el problema más allá de las categorías restrictivas de delito y castigo? Este libro se propone como un ambicioso aporte en esta dirección, y lo hace partiendo de una premisa tan original como provocadora: es bueno que las sociedades no se sientan cómodas respecto del castigo, que los ciudadanos lo consideren como un mal antes que como un bien en sí mismo.
Frente a la evidencia de que más prisiones, más policías y mayor severidad en las penas no hacen disminuir los índices de delincuencia, John Braithwaite y Philip Pettit analizan y discuten diferentes teorías del castigo, como el enfoque retribucionista (“a cada cual su justo merecido”), que en la práctica suele asimilarse con políticas demagógicas de mano dura, así como las tradiciones prevencionista y utilitarista. Y proponen una perspectiva novedosa, centrada en la noción republicana de libertad, que significa respeto por las víctimas pero también por todos aquellos que se ven afectados durante el proceso penal, desde los acusados hasta los testigos. Convencidos de que su visión debe poder implementarse, detallan las medidas concretas que la harían posible: entre ellas, la “parsimonia” en el uso de la violencia estatal, el control sistemático del poder por parte de los individuos, la reprobación (que no es lo mismo que el castigo) frente a las ofensas que se cometen, la reintegración social del que ha ofendido, el encuentro entre las partes, el reaseguro a la comunidad de que la situación no volverá a repetirse, el reconocimiento y la reconciliación, la reparación del daño, así como la compensación a las víctimas.
Escrita por dos brillantes especialistas en derecho penal y filosofía política,No sólo su merecido es una obra espléndida, que presenta una teoría integral de la justicia penal capaz de cuestionar y renovar sustancialmente las visiones hegemónicas sobre el castigo.

5 jun. 2015

Husak 3: Por qué castigar?

En sus últimos días en el país, tuvimos con Husak dos discusiones, una en el aula y por mail, y la otra en un café, sobre dos temas fundamentales. La discusión del aula fue sobre derecho penal y democracia, pero se está desarrollando todavía. La otra giró en torno al castigo, sobre todo a la luz del primer cruce que habíamos tenido, en donde yo avalaba su pelea contra la "sobre-criminalización", pero impugnando que ella no llegara a la misma "criminalización". Finalmente, por qué podríamos justificar el castigo? Estamos de acuerdo en tomar a quien comete una falta, en principio, como responsable; aceptamos que como responsable debe ser "held to account", llamado a dar cuenta; suscribimos que puede ser reprochado por su conducta, pero, luego, lo de siempre: cómo justificamos ir más allá? Cómo justificamos el pasaje desde la reprochabilidad o el "llamar a dar cuenta", al castigo?

Husak me hizo tres comentarios, para centrarse luego en el tercero.

1) Primer comentario: hay alternativas ciertas, sobre todo pensando en crímenes graves? Yo le respondí que sí, y hablamos de Sudáfrica y Argentina frente a los peores crímenes: no para decir que la alternativa sudafricana era buena, sino para decir que era una alternativa, no indecente, frente al crimen más grave.
2) Segundo comentario: qué rol dejamos reservado al Estado? Cuál sería el ámbito propio de lo que le correspondería y lo que no? Yo decía que no le correspondía al Estado el "imponer dolor," aunque podía hacer otras cosas. No avanzamos mucho más sobre esto.
3) El tercer comentario, el que más le interesaba, era sobre "los méritos de mi caso." En particular: si estamos de acuerdo en términos de responsabilidad, llamado a dar cuenta, y reprochabilidad, podemos terminar ahí? Podemos conformarnos si la persona nos dice "tenés razón, entiendo, en esta comunidad no se mata, pero no me arrepiento para nada, creo que estuve bien"? Yo le disputé la necesidad de involucrarse de ese modo en la respuesta. Si el criminal me dice, por lo contrario, "estoy arrepentidísimo", se pone a llorar y se golpea el pecho, pero a la vez tenemos indicios de que puede volver a cometer el crimen en un tiempo, la cuestión emocional -a la que, por alguna razón, Husak le asigna una importancia determinante- tiene poco sentido. 
Pero entonces, me pregunta él, cuándo podemos decir que hemos tenido éxito, entonces? Yo le respondí que lo que queremos es que la persona entienda, acepte nuestras razones, y por tanto no vuelva a cometer el crimen (no por miedo, sino por convencimiento). Eso es lo que necesitamos.
Sin embargo, agregué también, hay vida más allá del derecho penal, y necesitamos (y presuponemos) otras cosas. En mi caso, el punto de partida es una comunidad con lazos sólidos, en donde no cometemos ciertas faltas porque tenemos compromisos, afectivos, comunitarios, con los demás. Por supuesto, en sociedades más numerosas, donde las relaciones "cara a cara" son muy difíciles, todo se complica. Y es en estos casos, más comunes, en donde nos tenemos que conformar con el "entendimiento" y compromiso, sin por ello abandonar nunca el trabajo -por fuera del derecho penal- en torno a una sociedad más justa, y una vida en común más robusta.

4 jun. 2015

Altamira: Kirchnerismo, hostilidad hacia la clase obrera e izquierda

Excelente entrevista, acá

Husak 2. Estado, coerción penal y familia

Discutiendo con don D.Husak (y con mi colega ERL), volvimos más de una vez al famoso paralelo familia-Estado. Conforme a mi posición, el ejemplo de la familia (que ambos aceptan como forma de pensar mejor algunos problemas "macro") nos ayuda a ver que al interior de la misma el recurso al "dolor" es perfectamente desplazable por cantidad de otras "estrategias" a las que recurrimos habitualmente, y que tenemos a mano, y que nos permiten "comunicarle" algo a nuestros hijos, "reprocharles" sus inconductas, "llamarlos a que den cuenta" de lo hecho, "hacerlos responsables" de sus faltas, etc. etc. Podemos hablarles y tratar de persuadirlos; podemos explicarles que en esta casa esas conductas no se realizan; podemos decirles que a ellos les parecería mal que les hicieran algo semejante; podemos levantar un poco la voz y dejar en claro cuáles son las reglas de la casa; podemos señalarlos y apelar a su "verguenza" ("decirle a su querida maestra el tipo de inconducta que han tenido en la casa"). Todo eso, sin la necesidad (papal¡) de recurrir a un "chirlo", un golpe, cualquier acto de violencia (por supuesto, podemos ajustar los ejemplos para arriba o para abajo un poco, siempre para dejar en claro que no necesitamos de la violencia).

Husak (y ERL) me dicen que el ejemplo de la familia muestra, en efecto, que podemos evitar todo tipo de "imposición de dolor" en una vasta mayoría de casos: pero con esa idea no hay problemas¡ De eso se trata, justamente, el libro de Husak: es un llamado a des-criminalizar la mayoría de las conductas que hoy criminalizamos. Pero no todas¡ Lo mismo en la familia: en algunos extremos, tomamos medidas que implican la imposición de dolor, y nos parece totalmente justificable hacerlo (desde "no comés el postre" a "te vas a tu cuarto y te quedás encerrado ahí"). 

Mi primer contra-argumento (frente a ambos) es el siguiente: en todo caso, el ejemplo reformado o corregido sobre la familia (en algunos casos límite recurrimos a la "imposición del dolor") merece una corrección adicional, y es que a medida que el menor entra en razón, con la edad -quiero decir, en la medida en que el menor crece- apelamos más y más a la razón (y entendemos que es nuestro deber hacerlo), y el recurso hipotético a la "imposición del dolor" se torna cada vez menos aceptable, y se hace mucho menos frecuente. Cuando los hijos ganan en razón (cuando se convierten en adultos) nos queda más y más claro que lo que hacemos y debemos hacer es hablar, persuadir, convencer, apelar a la razón (y a las emociones) de cada uno de ellos, en lugar de intentar "educarlos a través de la imposición de dolor"

pd.: mañana jueves, husak vuelve a estar en la UBA. recomendado¡ y con traducción simultánea

3 jun. 2015

Etica social y violencia institucional/ violencia contra las mujeres en la Argentina

De Agustina RM y Tamar F, acá

Un ramo de flores para Nils Christie

http://www.lanacion.com.ar/1798188-el-hombre-que-se-atrevio-a-pensar-distinto-sobre-el-delito 

Pocos días atrás falleció el notable profesor noruego Nils Christie, una de las personas que más ayudaron a renovar el pensamiento criminológico moderno, y alguien que pasó a convertirse -a su pesar tal vez- en símbolo de una doctrina hoy por muchos repudiada: el abolicionismo. Una razón adicional, entonces, para lamentar su pérdida, ya que bastaba escucharlo para desarmar todos los prejuicios y reconocer en él -y a partir de él, en las doctrinas que propiciaba- la fuerza de un pensamiento humanista y reflexivo. Christie fue una hermosa persona que participó en algunos de los debates más difíciles, divisivos e irritantes de su disciplina acompañado siempre de las mejores armas: empatía, inocencia, afecto. Permítase introducir brevemente su pensamiento, a partir de un hecho de su biografía, y un dato o tipo de datos que él acostumbra citar.

El hecho biográfico al que me refiero le ocurrió tempranamente, cuando era apenas un veinteañero, y Noruega buscaba superar el trauma del nazismo. El joven Christie, yendo a contramano de lo que hacían y pensaban la mayoría de sus conciudadanos, decidió finalizar sus estudios en derecho yendo a escuchar a los colaboracionistas nazis, esto es decir, a aquellos a los que su sociedad señalaba como los peores criminales jamás habidos en el país. Entrevistó entonces a una cuarentena de carceleros alineados con el nazismo durante la guerra, y acusados de muertes y maltratos físicos sobre sus detenidos, en el extremo norte de su país. Y fue allí donde Christie aprendió la lección de su vida. Dijo entonces –y lo repetiría desde allí una y otra vez, luego de recorrer las cárceles más peligrosas del mundo- “hablé con todos aquellos que eran descriptos como los peores monstruos que había creado el país, pero lo cierto es que no encontré a ningún monstruo, sino a gente común y corriente.” A nuestro pesar, todos tendemos a ser –agregaría luego- demasiado parecidos los unos con los otros. “De qué lado hubiera quedado yo” –se preguntaba- “a los 17 años, si hubiera estado trabajando como carcelero allí arriba, en esa época, con un arma en la mano” (permítanme agregar que este humanista radical noruego se hizo similares preguntas, en sus numerosas visitas al país, y frente a los crímenes cometidos por los peores criminales del Proceso). Esto es lo que nos propone Christie: no se trata de un ejercicio de alegre irresponsabilidad, sino de otro por completo contrario: un doloroso esfuerzo de empatía.

Entre los datos que Christie citaba a menudo se encontraba el siguiente: durante años Finlandia, alineada con la Unión Soviética, compartió con esta última y con los Estados Unidos las peores tasas mundiales de encarcelamiento (en Estados Unidos, unas 730 personas presas por cada 100.000, frente a 37 de Islandia o 62 de Noruega). Separada de la Unión Soviética poco tiempo después, y ya más en línea con  los demás países escandinavos, Finlandia pasó a tener la segunda tasa de encarcelamiento más baja de Europa, y una de las más bajas del mundo. Qué había pasado? No es que los finlandeses se habían vuelto más inocentes –no eran ahora santos los que antes eran criminales- sino que los criterios sobre qué se consideraba delito, tanto como las respuestas elegidas por el Estado, frente al delito, había cambiado (para ilustrar lo dicho con un caso fácil: si un día empezamos a encarcelar a los jóvenes que se copian en los exámenes o a los que adultos que insultan a sus pares en la calle, tendremos mucho más presos que antes, pero esto será por una decisión propia, y no porque tengamos ahora un brote de delincuencia).

Contra aquellos que tienen preparadas respuestas contundentes y brutales frente a todo, Christie nos fuerza a pensar con detenimiento, dentro de un territorio especialmente difícil. Christie no nos dice “el crimen no importa,” “el dolor no existe,” “la cárcel debe ser ya mismo abolida.” Más que “abolicionistas”, sus enseñanzas se inscriben dentro de lo que se conoce como la “justicia restaurativa”. De lo que se trata (y a ello nos remite el término “restaurar,” con raíces nórdicas) es de “volver a reconstruir la casa” o, más poéticamente, “levantar los leños caídos”. En ocasiones, lo más importante (no lo único que se debe hacer, por supuesto) es reparar el vidrio roto, conocer la verdad, restaurar el dinero robado. Dicho esto, y para no escapar a las cuestiones más complicadas, podemos preguntarle a Christie, a renglón seguido, y más específicamente: qué hacer frente al responsable del daño cometido –un daño que puede ser grave, irreparable, intolerable para la víctima o sus familiares? Otra vez, Christie no ofrece una respuesta fácil, sino que nos obliga a plantearnos la cuestión de un modo más completo.

Con sus buenas maneras de siempre, Christie nos preguntaba: es que resulta la cárcel, frente a esas situaciones terribles, la mejor respuesta que podemos ofrecer, o al menos una respuesta atractiva? Cuando los padres envían a sus hijos a la escuela –agregaba enseguida- lo hacen para que esos jóvenes se rodeen de buenos profesores, para que sus hijos encuentren compañeros que puedan ser sus amigos toda la vida. Podemos pensar, entonces: qué esperamos que ocurra, cuando enviamos a alguien a la cárcel? No resulta claro que, de ese modo, iniciamos o reforzamos un proceso de “capacitación para el crimen”? No es eso lo que los hechos nos ratifican? No es lo esperable que ocurra, cuando separamos a alguien de la sociedad, y la rodeamos de aquellos a quienes hemos identificado como los peores criminales? Tenemos derecho a sorprendernos, luego, cuando el “culpable” no se “reforma,” el preso se “reeduca” en el crimen, o el “liberado” reincide?

Las cárceles, nos dice Christie, nos ofrecen un excelente diagnóstico sobre el país en el que vivimos: ellas nos permiten entender qué tipo de sociedad es la nuestra: cómo es que nuestras autoridades responden frente a los casos difíciles; cómo se comportan cuando no las vemos; contra quiénes impone su fuerza y a quiénes se esfuerza por mantener a salvo (la respuesta es tan triste como elocuente cuando tratamos de dar cuenta de esa pregunta para nuestro país, y vemos lo que ella nos dice sobre quienes nos gobiernan: quiénes son los que permanecen siempre impunes? quiénes son habitualmente sancionados? qué tipo de sanciones –y torturas- han aceptado como prácticas habituales?).

En definitiva, para un país, el nuestro, que como tantos, se ha venido moviendo irresponsablemente entre el “garantismo bobo” y el irracionalismo de “mano dura”, la muerte de un autor como Christie representa una mala noticia: se ha ido quien nos ayudaba a hacernos las preguntas incómodas; ya no está con nosotros aquel que pensaba con claridad y hablaba con calma en un terreno en el que suelen decirse groserías improvisadas y a los gritos.