11 feb. 2016

La Constitución italiana de 1947: Constitucionalismo defensivo y Constitucionalismo ofensivo


 
(Esta es la primera de unas pocas notas que querría escribir en torno a la Constitución italiana de 1947 que, como otras, creo que tiene una enorme potencia para hacernos pensar acerca de algunas claves fundamentales del constitucionalismo).

Existen muchas maneras posibles de entender y clasificar las Constituciones. Ninguna de tales propuestas debería concebirse como únicas, ni imaginarse como excluyente de otras clasificaciones posibles. Se trata, simplemente, de pensar “claves de lectura y comprensión” de las Constituciones de diferentes países. La clasificación en la que ahora estoy pensando es la que propone que distingamos entre Constituciones defensivas y ofensivas. Las típicas Constituciones ofensivas, podría decirse, son las que surgen luego de una guerra o revolución triunfantes –Francia de 1791 podría ser un ejemplo. Tales Constituciones llegan para cambiar el estado de cosas, estableciendo las bases de la nueva sociedad.

La Constitución italiana de 1947, en cambio, como la de los Estados Unidos de 1787 o la Ley Fundamental alemana posterior al nazismo, son Constituciones del miedo, Constituciones que nacen como producto del pánico por el pasado, o son el resultado de una catástrofe o una serie de hechos trágicos que se quieren dejar definitivamente atrás. Lo importante en estos casos, menos que construir lo nuevo o imaginar lo posible o deseable, es impedir que el horror que se reconoce en el pasado vuelva a ocurrir.

En el caso de los Estados Unidos, el horror tuvo que ver con el tiempo de las facciones, que James Madison identificara en El Federalista n. 10 como el principal obstáculo que se quería enfrentar a través de la Constitución. Se asumía –tal como lo reconoce Madison en dicho artículo- que las causas de las facciones hundían sus raíces en la naturaleza humana, y por lo tanto no podían ser eliminadas. Lo que se buscaba, entonces, era por todos los medios eliminar sus efectos.

En el caso de Italia, como en el de Alemania, lo que se procuró por todos los medios fue eliminar para siempre el riesgo de que el nazi-fascismo pudiera volverse a imponer. Otra vez, y como en el caso de los Estados Unidos, lo que se buscó fue poner a la estructura constitucional entera al servicio de ese objetivo fundamental, relacionado con el pasado trágico: que aquello no vuelva a ocurrir.

Aquello que los italianos temían y querían evitar a través del constitucionalismo se relacionaba, fundamentalmente, con el pasado fascista. Pero sin embargo, aquella “pesadilla mayor” que se quería evitar daba cuenta y resumía toda una serie de otros temores presentes en la misma escena. Mencionaría al menos dos “miedos” más, vinculados con el “momento constitucional” italiano del 47: uno es –junto con el temor a la vuelta de un líder autoritario todopoderoso- el temor a las “masas desatadas” -las masas dispuestas a imponer su voluntad  a todo costo, arrasando con las libertades de todos los demás, y alineadas detrás de aquel líder. Los constitucionalistas norteamericanos o “padres fundadores” sintetizaron bien esta doble fuente de temor, hablando de su rechazo simultáneo a la “tiranía” (el abuso de uno) y a la “anarquía” (el abuso de los “muchos”).

En Italia de mediados de siglo XX tenemos, entonces, el temor a la llegada de un nuevo líder fascista, como tenemos el temor a volverse encontrar con las masas que aplauden y claman por ese líder, preparadas para avanzar con violencia contra todos aquellos que se interpongan en su camino. Pero tenemos, además, al menos una fuente de temor adicional que quisiera mencionar, muy propia del momento constitucional de entonces, y muy relacionado con el breve escenario histórico recién expuesto. Se trata del temor de los distintos partidos o facciones de la sociedad, a cada uno de los demás partidos o agrupaciones. En otros términos: según veremos, la Italia post-fascista apareció quebrada y dividida ideológicamente en grupos muy diversos (la mayoría de ellos, ya por entonces, anti-fascistas, como diré, pero) que se temían entre sí: cualquiera estaba en condiciones de llegar al poder. Todos actuaron entonces con miedo a que el grupo contrario se encontrara con una coyuntura favorable, se impusiera a los demás y se estacionara en el poder, manipulando –otra vez, como en el pasado- las reglas a su favor, con la ambición de permanecer en el gobierno por siempre y sin miramientos. De allí que, notablemente, la Constitución fuera pensada “desde fuera del poder”, desde la oposición. Esto es, los diversos partidos se entendieron a sí mismos no como ganadores, sino como perdedores posibles (no fueron risk seeking sino risk averse). Pensaron la Constitución desde el lugar de los que posiblemente serían derrotados, y trataron de que –frente a dicha alternativa- sus perspectivas no fueran catastróficas. Procuraron, entonces, que el sistema constitucional les ofreciera salvaguardas suficientes.

Resumidamente, entonces, y a la luz de riesgos como los descritos, la Constitución italiana pretendió evitar la concentración y abuso de poder; limitar los excesos posibles del mayoritarismo, asegurando ciertas garantías individuales fundamentales; e impidiendo que el partido ocasionalmente dominante desplazara a los demás, tomando control pleno de la “sala de máquinas” de la Constitución. La Constitución resultó así, en diversos niveles, y de diversos modos, un “pacto defensivo”.

9 feb. 2016

Macrismo y Kirchnerismo


Cuando el verano va llegando a su fin, y también con él, la fase de encantamiento que todo nuevo gobierno genera, la conflictividad social comienza a tomar fuerza. Resulta entonces particularmente importante prepararse para resistir la encerrona (o la extorsión) a la que puedan querer someternos algunas de las fuerzas políticas predominantes. 

Por un lado, el kirchnerismo residual se empeña en hacernos creer que los problemas surgidos en estas últimas semanas resultan la contracara de dignidades propias del viejo gobierno. Para empezar por aquí: las críticas al nuevo gobierno no importan reivindicación alguna del gobierno anterior. Tomemos, para ilustrar lo dicho, cuatro de las políticas más inactractivas impulsadas por la nueva administración. Primero, las recientes alzas tarifarias no nos refieren a la pericia sino, más bien, a la irracionalidad con que el kirchnerismo manejara la política energética. Asimismo, los masivos despidos impuestos por la coalición Cambiemos no nos remiten a las virtuosas políticas de empleo propias del kirchnerismo, sino más bien al descontrol (que luego de la derrota electoral pareció trocar en cínica venganza) con que el gobierno anterior administró el empleo público. En tercer lugar, la inclinación que muestra el actual Presidente a tomar decisiones a través de decretos no se contrapone con el compromiso institucionalista del kirchnerismo, sino con un previo gobierno que hizo y deshizo jurídicamente a su antojo (ya sea nombrando jueces en comisión, ya sea imposibilitando la discusión parlamentaria, ya sea alegando una “emergencia económica” que durante años le permitió disponer de partidas millonarias con virtual independencia del Congreso). Finalmente, la “política represiva” vinculada con el macrismo no contrasta con las fuerzas policiales autocontenidas del kirchnerismo, sino que (todavía) empalidece cuando se la compara con las 22 muertes producidas durante situaciones de protesta social, entre el 2003 y el 2015, o las miles de muertes ocurridas por casos de “gatillo fácil” en los años del kirchnerismo (gatillo fácil que implicó en esos años más de 3000 muertes, según CORREPI).

Por otro lado, y junto con lo anterior, tampoco resulta aceptable que el macrismo nos induzca a leer sus políticas en las 4 áreas referidas como contracara o necesaria respuesta frente a las sinrazones propias de lo que fuera el kirchnerismo. Más bien, sus acciones en tales ámbitos nos mueven a pensar en la presencia de “vicios”, amenazas o graves riesgos que anidan en la nueva mecánica de gobierno. 

Primero, la política de aumentos tarifarios nos llama la atención sobre la presencia de grupos de peso, dentro del gobierno, que promueven un tipo de decisionismo económico ya conocido –grupos de economistas que miran con desdén a todo lo que tenga que ver con política, alentados por la idea de que “a la gente sólo le importa la performance económica”. Segundo, el aumento de los despidos en el sector público hace sonar las alarmas acerca de la influencia de actores, en el gobierno, demasiado afines al fundamentalismo nozickeano del “Estado Mínimo”. Tercero, la falta de prejuicios para “gobernar por decreto si hiciera falta,” nos avisa acerca de la pretensión de algunos de sobreactuar un cierto anti-institucionalismo, como forma de “mostrar autoridad” frente a sectores que la demandan. 

En sentido similar, y finalmente, la disposición gubernamental a responder a las protestas sociales con balas de goma, nos habla no sólo de un gobierno interesado en subrayar su interés en la disciplina social, sino sobre todo acerca del terror gubernamental a aparecer débil frente al electorado (el fantasma de De la Rúa otra vez).

En todo caso, la buena noticia de estos tiempos es que ha quedado en claro de qué modo la política argentina no se dividía en dos opciones únicas y excluyentes; que las invectivas frente al kirchnerismo en absoluto significaban alineamiento con el macrismo; o que la crítica al nuevo gobierno tiene muy poco que ver con la reivindicación del pobre gobierno anterior.



7 feb. 2016

Sanders

Nuestro candidato avanza. Si va hacia la derrota, será derrota de las dulces
(algo sobre él, acá)

5 feb. 2016

La Constitución de Esparta III. Comunión y división

Como era habitual en la época, en Esparta también la ciudadanía estaba reservada para unos pocos. En este caso, los ciudadanos eran los los homoioi o iguales, quienes recibían al nacer una porción igual de tierra (que -dato interesante- permanecía como propiedad del estado y no de los particulares). Más allá de dicha minoría aparecían los periecos o habitantes de la periferia, que eran libres pero que carecían de derechos políticos; y recién luego los ilotas, que eran aquellos reclutados como prisioneros de guerra, y que actuaban como siervos carentes de todo tipo de derechos políticos. Los ilotas trabajaban la tierra, propiedad de los homoioi, y se quedaban con los frutos de aquella, luego de descontada la proporción que se le asignaba a los iguales. 

Los iguales, que eran los que gozaban de plenos derechos políticos y estaban liberados de todo trabajo manual o agrícola, eran considerados buenos ciudadanos en la medida en que cumplían con su entrenamiento y deberes militares, eran educados de acuerdo con las pautas definidas por el Estado, y compartían con los demás ciudadanos las tareas colectivas, que incluían por ejemplo la preparación de comida en los comedores públicos. Conviene notar que dentro del rígido y jerárquico esquema reinante, el estatus de las mujeres era, comparativamente mejor que en muchos otros lugares de la antigüedad. Ellas gozaban de niveles de libertad mayores que en otros sitios, pudiendo educarse, divorciarse, heredar y posee tierra. 

Con el tiempo, arreglos como los referidos resultarían erosionados. Sin embargo, el ideal igualitario espartano que animaba la organización social –más allá de la fuerte estratificación social existente- sostendría su fuerza, y la asociación del gobierno espartano con la austeridad, la disciplina, la virtud pública o el rechazo de la ostentación (1) -temas todos ellos relevantes dentro del paradigma clásico republicano- se mantendrían intactos. 

La conclusión de este repaso no es que un proyecto republicano futuro debe ser espartano, ni que el proyecto espartano fue adecuada o modélicamente republicano, ni que el republicanismo sólo puede ser posible en condiciones como las presentes en Esparta (comunidades pequeñas, o políticamente activas, o estratificadas, o con servidumbre, etc.). Más bien, la revisión sirve, por un lado, para entender por qué Esparta se convirtió en un punto de referencia dentro de los estudios históricos y filosófico-políticos sobre el republicanismo (se encuentran allí muchos elementos habitualmente asociados con el republicanismo); sirve también para pensar críticamente sobre atractivos y riesgos posibles (no necesarios, no únicos) que pueden vincularse con una política republicana; como sirve para reconocer una manera de pensar la vida política que hoy resulta inhabitual (i.e., el modo en que priorizaban la formación y el carácter, o el modo en que vinculaban economía con política y cultura, etc.). Finalmente, todo lo dicho nos ayuda a refinar (en un ida y vuelta del tipo "equilibrio reflexivo") nuestro entendimiento acerca de lo que debería ser el republicanismo. Se trata de un modo de pensar mejor lo que podemos llamar el ideal republicano.


(1). La ciudad, por tanto, no fue adornada con palacios u ornamentos, como Atenas u otras ciudades de la época. De allí que Thucydides sostuviera, de modo célebre, que si un día Esparta fuera a ser destruida, nadie podría imaginar, a juzgar por los restos de sus edificios, el poderío que alguna vez llegara a tener la ciudad –lo opuesto a lo que, según él, ocurriría para el caso en que Atenas fuera la ciudad destruida.

Carol

Edward Hopper, Audrey Hepburn, Billy Hollyday y lo más delicado de la cultura angloamericana, en esta notable película del talentoso Todd Haynes, basado en una novela de Patricia Highsmith, sobre el "amor prohibido entre dos mujeres en la Nueva York de comienzos de los años 50." Gran crónica del film, en P12, por LM, acá 

4 feb. 2016

La Constitución de Esparta II. Derecho y forja del carácter

Aunque la información disponible al respecto resulta dispersa y confusa, existe un acuerdo acerca de la profunda reforma en la posesión de la tierra impulsada desde la Constitución espartana. En tiempos de grave crisis, la tierra fue dividida en porciones iguales, capaces de asegurar el sustento de un hombre y su familia. La eunomia o igualdad de todos ante la ley se dirigió a asegurar que no hubiera privilegios, e implicó la imposición de sacrificios que alcanzaron a todos los distintos sectores de la sociedad.

Otra medida distintiva de esta etapa temprana fue la prohibición del oro y la plata, y en general el rechazo de la moneda. Todas estas disposiciones, según Plutarco, habrían reducido a la nada los atracos. Esparta, por lo demás, limitó radicalmente la importación de productos extranjeros. Decisiones como las citadas habrían impactado sensiblemente en el carácter de las personas, socavando conductas consideradas “viciosas”, como la codicia o la avaricia.

El punto es, en todo caso, el siguiente: no se trató de medidas de gobierno que, ocasionalmente impactaron en las cualidades personales de los habitantes, sino de decisiones sobre la organización política y económica que tuvieron como motivación principal la de conseguir dicho impacto. En otros términos, no fue la performance política-económica la que guió la toma de decisiones públicas. Más bien al contrario, la generación de cierto tipo de ciudadanos fue lo que motorizó la reflexión sobre los asuntos “materiales” –importaba ante todo la obtención de ciudadanos virtuosos, comprometidos con su comunidad. La frugalidad, la austeridad, la sencillez de costumbres, el compromiso cívico se convertirían entonces en virtudes que –a diferencia de entonces o ahora- el estado espartano podría exhibir como realidades efectivas, antes que como declamaciones acerca de un estado de cosas buscado.

Por supuesto, el “cultivo” de estos rasgos de carácter no se inscribió en el marco de una sociedad liberal y abierta sino –como vimos- en uno muy diferente, definido por la presencia de un estado omnipresente, activo y perfeccionista. El círculo cierra mejor cuando se advierte la centralidad que tuvo la vida –y la educación- militar, dentro de Esparta. La idea de que cada individuo debía ser capaz de anteponer los intereses colectivos sobre los personales no representaba una mera aspiración abstracta, sino que expresaba crudamente las más duras exigencias de la vida bélica de entonces. La necesidad de la defensa del territorio demandaba que la ciudadanía estuviera siempre dispuesta a ponerse de pie en pos del terreno común, a partir de su plena identificación con los intereses de los demás y del Estado.  Este tipo de requerimientos se convirtieron en prácticas difundidas en la población a partir de un intenso activismo estatal que comenzaba con el control de la educación, y seguía con un riguroso entrenamiento militar que se imponía desde la infancia. El propio Aristóteles, en su cuidadoso estudio de la Constitución espartana, objetaría este sesgo militarista en el ordenamiento estatal.

La estricta educación espartana se distinguió por ser pública, colectiva y obligatoria para todos los hijos de los ciudadanos. El sistema educativo –admirado más allá de las fronteras de Esparta- pudo asegurar extendidos y amplios conocimientos entre la juventud (en particular, altos y difícilmente comparables niveles de lectura en la población). De hecho, desde los 7 años, los niños eran separados de su entorno familiar, para vivir y ser formados en grupo hasta los 30, bajo la dirección de un magistrado de la comunidad. Allí se los hacía crecer en condiciones de abnegación y respeto por los intereses de la comunidad, y alejados de toda búsqueda de la gloria o el prestigio individuales.


2 feb. 2016

Sobre despidos en el Ministerio de Cultura

https://medium.com/@nodespidoscultura/frente-a-los-despidos-en-el-ministerio-de-cultura-d588f0ccc998#.6a3uybh7u

Sobre la emergencia en seguridad

http://www.telam.com.ar/notas/201601/134005-cels-criticas-emergencia-seguridad-publica.html

La Constitución de Esparta I. Derecho y republicanismo


La Esparta de la época clásica representa un  gran ejemplo de lo que fue y pudo ser un estado “republicano clásico”. El calificativo se utiliza, ante todo, por el lugar reservado en el mismo para la participación ciudadana en el proceso de toma de decisiones. Pero el componente republicano resulta aquí todavía más notable (y, si se quiere, completo), ya que en Esparta, en particular, las permanentes amenazas tanto externas como internas llevaron al estado a asumir un papel activo en la promoción del compromiso ciudadano con los intereses comunes –sólo así, se estimaba, sería posible garantizar la defensa del territorio compartido. 

El tejido legal de orientación republicana, que describiré enseguida, resultó entonces acompañado por un complejo conjunto de pautas destinadas a regular la conducta y moral de las personas –la solidaridad desplazaba, por caso, a la privacidad. De hecho, pocos sistemas como el espartano -fuertemente comunal y militarista- terminarían resultando tan influyentes en la modelación de los ideales republicanos. No resulta extraño, por ejemplo, que Rousseau modelara su aproximación teórica sobre el republicanismo a partir del modo en que Montesquieu describiera a Esparta (y a Roma) de la época clásica.  

La estructura legal del estado, que se mantuvo intacta y en aplicación por lo menos durante cinco siglos, es atribuida por algunos a Licurgo (desde el siglo 7 AC?). Se habla, por tanto, de la Constitución y de las leyes de Licurgo, aún cuando existen dudas acerca de su obra, y aún de la misma existencia de Licurgo, personaje del que se tiene algún conocimiento a partir de escasas y contradictorias fuentes, que incluyen los escritos del historiador Herodoto o de Plutarco. 

Buena parte de la legislación espartana se mantuvo como no escrita. Existieron, sin embargo, las rethrae (algo así como “dichos” o sentencias) que incluían aspectos básicos de la organización política estatal. La rethrae más conocida establecía una forma de gobierno “mixta”, que incluía a una monarquía (con dos reyes), un senado y una Asamblea ciudadana o apella.

Aristóteles hace algunas referencias al sistema político espartano en La Política -más específicamente en la sección que dedica a la Constitución de Lacedemonia. Su análisis es ejemplar, basándose tanto en un punto ideal como histórico (él se propuso estudiar cuánto se acercaba el sistema legal vigente al que fuera concebido originalmente por sus autores, y también de qué modo se comparaba con el mejor estado o estado ideal). En su trabajo, Aristóteles da cuenta dentro de la estructura de gobierno, de un aspecto monárquico (gobierno a través de dos reyes), un aspecto oligárquico (gobierno a través de aristócratas o unos pocos privilegiados), y un aspecto democrático (gobierno a partir de la ciudadanía, en una asamblea en la que participaban todos los “hombres libres”). 

Los reyes a cargo del gobierno eran dos, con cargos hereditarios, y provenientes de dos familias diferentes, aunque cumplían funciones básicamente ceremoniales. La legislatura era bicameral y se componía, por una parte, por la asamblea de todos los ciudadanos, y por otra por un Consejo de Ancianos o Gerousia, formado por 28 ciudadanos electos mayores de 60 años, con mandato de por vida. El Consejo de Ancianos, producto de una reforma (la gran rethra) que Plutarco atribuye a Licurgo, era el que introducía las normas que la Asamblea aceptaba o rechazaba, votando por una de las opciones ofrecidas por los Ancianos (en Atenas, la Asamblea ciudadana podía también incluir temas de agenda para la discusión, cosa que en Esparta no estaba permitida). Todos los ciudadanos de al menos 30 años podían tomar parte de la Asamblea en el momento en que así lo decidían. El gobierno se completaba con cinco ephors, funcionarios electos por la ciudadanía y encargados de tareas judiciales, legislativas, pero sobre todo ejecutivas, relacionadas con la administración cotidiana de la comunidad.

Enseguida doy algunos detalles acerca del modo en que el diseño de gobierno se acompañaba de una diversidad de medidas tendientes a modelar un tipo de ciudadano particular –un ciudadano “virtuoso” en el más fuerte sentido republicano.

30 ene. 2016

Schipa, una furtiva lágrima

Del gran Tito Schipa, Una furtiva lágrima, acá, o La cumparsita, acá

27 ene. 2016

Italianas XX bis. (E finito cosí). Amaro lucano

Si la vez anterior me despedí brindando con un spritz, junto a inmigrantes rumanos, en el áspero norte del país, ésta vez me despido con un amaro lucano acá en el amable sur, en el Café Central, que manejan Peppino y su hermano, en Matera. Hace más de 50 años que Peppino y su hermano están aquí, en un café mínimo, que no tiene mesas, que no tiene juegos electrónicos ni televisores, y que es sólo capaz de albergar a un pequeño puñado de personas, todas de pie. Peppino viste y se peina impecablemente, no sonríe, no hace una broma con nadie o de nadie, no concede nada, pero (o por eso mismo) la gente vuelve regularmente con él. Su café –que prepara con una extraordinaria máquina Faema- es el mejor de la zona (el mejor de Italia?), y sirve el amaro lucano generosamente, a temperatura fría y exacta como en ningún otro lugar. Brindo entonces por él y con él, y a través de él con todos los que -como él- mantienen una conducta digna, fieles a sí mismos, mientras el mundo se les va derrumbando alrededor.

26 ene. 2016

Italianas XX. (Finale, prestísimo). La habitación del hijo

(Termino aquí mis apuntes italianos -me queda sólo un brindis final).


En Cisternino verifiqué que la opción de los alberghi diffusi me interesa grandemente. La opción consiste en habitaciones que los dueños de casa alquilan a los ocasionales visitantes. A veces, se trata de parejas entradas en años que pasan a disponer, finalmente, de “la habitación del hijo”, que hace años ha quedado vacía. La alternativa me resulta magnífica, no sólo porque implica vivir en casas de familia, sino además porque, por regla general, resultan bastante más económicas que las de un hotel. De todos modos, si la propuesta de albergo que encontré hoy la tomé enseguida, ello fue, entre otras razones, porque la dueña de casa daba con el modelo justo de lo que eran mis tías. Quiero decir, mujeres preocupadas sobre todo por la salud alimentaria de uno.  

Aquí, un módico pero extraordinario evento ocurrió cuando negociamos a la baja el precio de la habitación, eliminando de modo completo el desayuno. Entonces, se produjo este minúsculo diálogo, que ahora busco reproducir con la mayor exactitud posible: 

16h 20m: “Bueno, quedamos entonces así, el precio de (X euros), sin desayuno”. “Perfecto” –respondo yo. Dicho esto, y con el gran conocimiento del campo de las tías que me caracteriza, advierto que se produce en el rostro de ella un movimiento casi imperceptible, una mueca súbita que delata incomodidad con lo acontecido. Lo notable es que –así lo advertí- el mohín no se originaba en una queja interior por el precio en baja: lo que le preocupaba a ella era que uno se quedara sin el desayuno apropiado. Esta eventualidad le resultaba impensable, insoportable. 
16h 20m 10s.: Agrega ella, sin que nadie le reclamara nada: “Igual, por cualquier cosa, yo la cafetera se la dejo preparada, y Ud. la puede usar sin problemas.” “Excelente” –le respondo yo. 
16h 20m 20s: Ella comienza a mostrarme la cocina en donde se desayuna: “Acá sobre la mesada, por cualquier cosa, yo le dejo un po di latte. Porque usted toma leche, no?” “Ah, claro que sí, me encanta” –respondo yo. 
16h 20m 25s: Ella otra vez, abriendo una pequeña heladera, todavía vacía: “Y acá adentro, por cualquier cosa, le dejo un par de botellas de agua, y un buen jugo de frutas”. “Eso me vendría bárbaro” –le digo. 

El acuerdo ya está cerrado, por lo que bajo las escaleras y voy a buscar mi valija. Cuando subo, vuelvo a encontrarme con ella en la cocina, para que me entregue la llave de la casa. Pero -oh sorpresa- con el rabillo del ojo alcanzo a reconocer que la escena alimentaria aparece ya algo cambiada. 

16h 25m: Dice ella, señalando la mesa donde se desayuna, que ya está armada: “Acá arriba de la mesa, por cualquier cosa, le estoy dejando una marmellattina que preparo yo, de manzanas, con manzanas de la casa, que son muy buenas. Va a ver que le va a gustar. Y también le dejo estas lindas tostadas, para la mermelada”. “Uh, pero esto es extraordinario,” le contesto. La despido contento, y parto raudo hacia mi cuarto. 


16h 30m: Salgo de mi habitación para darme una ducha. Antes de pasar por el baño, de todos modos, y movido por una sospecha –una certeza- casi absoluta, asomo mi cabeza por la puerta de la cocina. Estoy seguro de que ella todavía no quedó satisfecha con su propuesta, seguro de que ella sigue preocupada porque por la mañana yo no coma lo suficiente. Entreabro entonces la puerta y compruebo, con satisfacción plena, que en efecto la escena alimentaria ha cambiado otra vez. La mesa del desayuno ya incluye manteca, agua filtrada, una enorme campana de vidrio albergando abundantes galletas dulces, y una fuente rebosante en frutas de todo tipo. Ahora sí, ella se ha quedado tranquila. 

25 ene. 2016

Italianas XIX. (Finale, presto). Los asomados


Disfruto mucho viendo a los asomados de la ciudad, que por aquí son tantos. Quiero decir, todos aquellos que, en algún momento del día, cualquier día o todos los días, se acercan a los balcones de la ciudad en la que viven (la que conocen hasta el cansancio) para quedarse por un buen rato a contemplar los entornos de ella. Quiero decir, todos aquellos que llegan a los lugares de avistaje que su ciudad les deja (esos que no les anuncia con ruidos ni con carteles) y toman la invitación de la mano: miradores naturales, desde la calle que sube; terrazas públicas bien situadas, que abren su vista a los sembradíos que rodean al condado; paredes bajas, desde la que se divisa el mar que acecha cercano. A paso muy lento, con un cigarrillo entre los dedos, los asomados se detienen frente al espectáculo lento. Buscando nada, hablando con nadie, dejando que el tiempo haga lo suyo, con la mirada perdida en los confines de un pueblo al que tienen razones para sentir propio. Sin pensarlo. Mirar, sólo mirar, mirar allá, mirar más allá, mirar más allá de allá. 

Italianas XVIII. (Finale andante). Por ejemplo

Orechietti, cavatelli, casarece, trofietti, strascinate, sagne torte, sagne n’cannulate, lumaconi, conchiglione, paccheri, fusili, strapezzati, maccheroni, maritati, tria, gotici, tonnarelli, pappardelle, fetuccine, strozzapreti.

Italianas XVII. (Finale, lento). Ulivi Pugliesi

Olivos y vides. Y una luz blanca que por las tardes les adormece. Olivos y vides. Y un mar sereno que les acaricia en calma. Olivos y vides. Y la tierra roja, revuelta, por el trabajo exhausta. Olivos y vides. Y la madera agrietada de troncos que hoy son sólo olvido. Olivos y vides. Y después, nada. La alegría, supongo, en algo se parece a eso.

23 ene. 2016

Italianas XVI. Círculos auditivos

Hay lugares en donde, por alguna razón, escucho de manera (casi) única un solo discurso. En bares cercanos al barrio donde vivo, por caso, sólo escucho a gente hablando sobre los viajes que van a hacer (y los abandono enseguida). Cerca de mi trabajo, sólo escucho a parejas hablando (de modo insoportable) sobre las características distintivas de los celulares que tienen o que van a comprarse. En el sur de Italia, mientras tanto, escucho gente hablando casi exclusivamente de comida (la fortaleza y consistencia de esta regla resultan simplemente extraordinarias). Hoy en Locorotondo, en cambio, sucedió algo rarísimo: la pequeña ciudad aparecía casi por completo vacía, por lo que no escuché conversación alguna por la calle. Sin embargo, a medida que avanzaba, atendía también desde cada casa, desde cada ventana, un único discurso, compuesto por el tintinear de cucharas y tenedores sobre los platos. 

Italianas XV. Degradación de las costumbres

Que la canción “il Mondo,” del impresentable Jimmy Fontana, se haya convertido en tema central de la banda sonora de este viaje, representa sin duda ninguna un signo de profunda, tal vez irreversible, decadencia.

21 ene. 2016

Italianas XIV. La Lucania que fotografió Carbone

Seis bambini se agrupan quietos en torno a la cama mayor. Un burro se aprieta también dentro de la stanza, para ayudar a dar calor al entorno pequeño. Él mira a través de ella, sin esperar mucho más, sin exigencia alguna, hace años ya sin deseos. Tiene una mano tensa, abierta, sobre la cama, y el otro puño cerrado, resistiendo los pensamientos. Sus bigotes enormes, salientes, desprolijos, han crecido sobre la boca, delatando desde hace años sólo silencio. Ella yace en el lecho común, con el rostro frío, blanco. Con una mano se rodea la cabeza, un velo gris que la cubre apenas. Tres pares de zapatos lustradísimos cuelga él, sobre la pared de la cama. Ella tiende apenas uno, que en toda una vida apenas ha usado. Unos peperoncini disecados hacen de rosario, sobre la cómoda de madera vieja. Las paredes gruesas dan discreto refugio a la ceremonia: ellas guardarán de la pobreza el secreto. Nadie llorará esta noche por su partida, nadie gritará su ausencia, como nadie celebró entonces por su venida. Atentos: ella ahora hace un gesto. Atentos, que se ha quedado por esta vida dormida. 

20 ene. 2016

Italianas XIII. Carlo Levi exiliado en Lucania


(Lucania 1961, de Carlo Levi, detalle)


Carlo Levi, judío, torinés, intelectual de izquierda, conocido como escritor (por el enorme libro “Cristo se detuvo en Eboli,” luego enorme película), pero sobre todo pintor. Levi se unió al movimiento antifascista tempranamente, y participó del grupo “Giustizia e Libertá,” fundado por Carlo Rosselli (habrá que volver sobre él más tarde). Sospechado por sus actividades antifascistas, Levi fue arrestado primero en 1934, y más tarde otra vez, en 1935, cuando se lo confinó a una zona paupérrima en Matera. De allí, en Aliano, recuperaría el padecer y el sufrimiento de los campesinos devastados que sobrevivían en la zona en condiciones infrahumanas. Una de las líneas más conocidas de su hermoso libro, sintetiza el horror que viera: 

« Cristo è sceso nell'inferno sotterraneo del moralismo ebraico per romperne le porte nel tempo e sigillarle nell'eternità. Ma in questa terra oscura, senza peccato e senza redenzione, dove il male non è morale, ma è un dolore terrestre, che sta per sempre nelle cose, Cristo non è disceso. Cristo si è fermato a Eboli. » 


El mal, el dolor –como dice Levi, como remarcan aquí a mi lado- ya no es “moral”, es concreto, arrasador, va directo sobre los cuerpos. Años más tarde, marcado todavía por lo que presenciara entonces, Levi volvería a la zona acompañado por un fotógrafo amigo. Éste se encargaría de retratar rostros y escenas como las que Levi viera, y Levi reproduciría luego muchos de esos rostros y escenas en un impresionante, desgarrador mural, que hoy se exhibe en Matera.  


Italianas XII. Cae del cielo

La historia es así: Son las once de la mañana, estoy en un café. En la mesa de al lado hay una vieja napolitana -algo perdida parece- hablando con otra que luego sabría de procedencia ucraniana. La napolitana en un momento se gira, pregunta de dónde es uno (“ah, lo mismo da,” responde cuando se entera), y entonces –de sopetón, sin aviso previo, sin introducción alguna- arranca. Extiende un celular blanco, que tiene en la mano, y dice. Que tiene dos hijos, Massimiliano y Michele. Que el celular le sirve para comunicarse con ellos. Que si aprieta el botón uno (1) se comunica con Massimiliano. Que si aprieta el botón dos (2), el que debe aparecer es Michele. Que sin embargo ocurre que, no importa qué botón apriete (1 o 2), siempre atiende Massimiliano. Que por tanto algo no funciona (por qué no atiende Michele?) Extiende el celular, entonces, para ver si uno le ayuda a que, por fin, aparezca Michele.


p.s.: A las seis de la tarde, por esas cosas, vuelvo a pasar frente al mismo bar. Siete horas después, la napolitana sigue ahí sentada, hablando con su par ucraniana. Entiendo que aún no ha podido contactar a Michele.

Y muere Ettore Scola

Bonita nota, hoy en Pàgina, de DB, acá

19 ene. 2016

Italianas XI. La vergüenza de Italia

Matera fue una villa troglodita, que durante el Paleolítico albergó pueblos enteros de gentes, que huían a refugiarse en sus cavernas. Matera en sus cuevas escondió a los monjes bizantinos, cuando eran perseguidos por el Imperio de Oriente, en el siglo VIII. Matera se transformó en el destino de los exiliados del fascismo, como Carlo Levi, cuando ellos lo requirieron. Esa misma Matera, sin embargo, llegó a ser, durante los 1950s, la vergüenza de Italia, por los modos rústicos, brutales, en que vivían sus campesinos desahuciados: desheredados del mundo. Matera se convirtió en el lugar en donde los paisanos malvivían, literalmente, unos sobre otros, amontonados con burros y gallinas en el mismo ámbito, rodeados de decenas de hijos poco alimentados y mal vestidos, organizados por contadini que salían a trabajar cuando apenas se mostraba el sol, y volvían cuando el día se moría. Matera era el mal ejemplo, la ciudad que hacía entrecerrar los ojos por la miseria, la que causaba más horror que pena. Dónde te ocultaste entonces, Matera, cuando todos te señalaban? Habiendo sido la que dio resguardo a todos, en brazos de quién buscaste cobijo, cuando ya nadie te protegía? 


(foto del gran Mario Carbone)  

Italianas X. La patria en el otro

i. Los pueblos se diferencian, unos de otros, por muchas razones, pero también por su grado de apertura hacia los otros. Hay comunidades con ángulos cercanos a cero y otras, como Napoli, que se acercan al grado de los ciento-ochenta. El napolitano mira fijo a los ojos cuando el otro habla, el napolitano canta, abraza, acaricia, toca, burla, se toma a pecho lo que uno dice, se compromete con uno. En otros lados se podría explicar esto por el propósito del interlocutor de seducirlo a uno, por el resultado de la conveniencia o el cálculo, o por motivo de una consciente solidaridad hacia quien se acerca. Aquí no: aquí se abren al otro sólo porque se lo siente así, porque es así como se vive. 

ii. Uno podría dar cuenta las diferencias entre los distintos pueblos de mil maneras, pero quiero mencionar sólo una, cual es la relación con las reglas. Hay gentes, por caso, que han perdido la batalla contra las reglas, hasta quedar sometidas, rendidas a ellas. Las reglas que podrían servirles para ordenar la vida han tomado vida propia, y ahora los dominan a ellos. En pocas palabras, se han alienado. Cuando la vida es así, claro, cualquier persona que irrumpe en la escena se constituye en una amenaza, plantea un riesgo: el riesgo de llegar tarde, el riesgo de no cumplir el horario, el riesgo de perder tiempo, el riesgo de violar la fecha de entrega, el riesgo de que el evento tome más de lo previsto, el riesgo de que los otros lo miren a uno con sospecha, el riesgo de que le marquen la falta, el riesgo de no alcanzar el plazo firmado, el riesgo de no terminar con el compromiso asumido en su momento. En cambio, cuando las reglas son demasiado flexibles, o cuando no hay reglas en absoluto ni hay atrasos impermisibles, la llegada del otro se parece más a una fiesta. El otro es una ocasión, una oportunidad posible, una esperanza, el otro forma una parte imprescindible, deseada, de la aventura en que consiste el día.